
Las heridas de la inseguridad: “Mi esposa llora aún cuando se ríe, vivimos en pánico, los jueces deben observar cómo quedan las víctimas”
En enero del 2020, delincuentes ingresaron al Taller Lerda ubicado en Pueyrredon al 2400. Durante 15 minutos torturaron a golpes y con amenazas a una mujer, su hijo y su yerno. Cuando David Lerda llegó al lugar se encontró con el dramático contexto y su vida cambió para siempre.
“Hasta el día de hoy es tratar de empezar una vida nueva, como si hubiera existido una noche larga y tratás de encontrar el sol. Recordamos el hecho con mucha tristeza, todavía vivimos del pánico. Estamos poniendo en el frente del negocio una reja. Nuestro taller es una L, si entra gente nos damos vuelta todos. Vamos a atender a todos tras las rejas”, precisó en diálogo con Póster Central. Lerda destacó que “el miedo es terrible” y que al salir cada noche habilita las cámaras antes de entrar a su propia casa.
“Parece mentira. Antes del asalto, a las 7,30 estábamos tomando mates y hablábamos con los vecinos. Ahora, hasta que no llegan los chicos, el portón no se abre. Y hasta que no cerramos el portón cuando nos vamos los chicos no prenden el motor del auto. Así vivimos”, lamentó.
La víctima recordó que “el asalto duró 15 minutos, fue muy largo, una eternidad.
“La Policía logró detener a dos. El juicio comienza ahora fin de octubre. Pero no todo terminó allí, Lamentablemente mi esposa sigue con su hombro mal por los golpes que recibió. Ella pobrecita todavía no puede asumir el tema emocional. Nunca sufrió de nada, pero si está feliz la presión se sube, cuando está enojada la presión se sube. Llora. Cuando yo llegué al lugar vi a mi señora golpeada y a mis hijos con los ojos hacia afuera. Ojalá los jueces puedan entender lo que significa para una familia pasar por esto. Yo me tuve que hacer atender por que a la noche no dormía”, expresó.
Y agregó: “La droga tiene mucho que ver con la inseguridad. La sociedad lo que quiere tener es trabajo, dar bienestar a su familia y ser feliz. Cuando empiezan estas cosas es muy difícil”.
“Nosotros tenemos un nieto de 15 años y no lo dejamos venir solo, fijate vos. Es un terror todo para nosotros. Vivimos una sensación muy fea. El día que mataron a este señor Domínguez estábamos a la vuelta, pasamos y fue de terror, no lo podíamos creer”, admitió.
Y añadió: “Yo quisiera borrar lo que pasó, pero no puedo. Vi a mi yerno llorar porque golpeaban a mi esposa. Los jueces tienen que hacer Justicia. Yo no quiero una injusticia contra los delincuentes, pero que cumplan con la condena que se les imponga. Los presos van a al cárcel pero nunca se preguntan cómo quedan las víctimas, como quedamos nosotros”

La inquietud del miedo
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