El quebracho 284 y el derecho colectivo a decidir el territorio
Por Diego Tello
Doctor en Ciencias Económicas, trabajador docente e investigador de tópicos de economía y medioambiente de la FCE UNRC y Conicet
Foto: Carolina Tealdi
En Villa Allende, localidad de las Sierras Chicas de Córdoba, un quebracho blanco de casi 300 años (precisamente 284) se convirtió en símbolo de una discusión más profunda: ¿todo lo que puede hacerse, debe hacerse? Ubicado sobre la avenida Padre Luchesse, el ejemplar se encontraba en el trazado de una obra vial. Mientras el municipio y la empresa Caminos de las Sierras impulsaban su traslado, un grupo de vecinos autoconvocados advirtió que moverlo sería condenarlo.
Durante más de un mes, el lugar fue escenario de un acampe permanente, abrazos simbólicos y resistencias pacíficas que impidieron su remoción en reiteradas ocasiones. El 12 de julio, un nuevo intento de traslado —con fuerte presencia policial— terminó en empujones y tensión. Esa noche, cerca de las 22 hs, la grúa dispuesta para la extracción se averió, y desde la cuenta @quebracho284 comunicaron: “el quebracho no se mueve”.
Sin embargo, el día domingo 13 de julio, el árbol fue finalmente trasplantado. Las autoridades consideran el procedimiento exitoso; para quienes lo defendían, se trata de un desarraigo forzado, con consecuencias aún inciertas.
El conflicto nunca fue solo técnico. En el fondo, lo que está en juego es una discusión sobre valor y territorio. Villa Allende ha crecido en las últimas décadas como una ciudad dormitorio, funcional a la expansión del Gran Córdoba y a la necesidad de llegar más rápido a la capital provincial. Pero en medio de ese desarrollo acelerado, el quebracho se volvió un límite incómodo, una presencia viva que recuerda que hay decisiones que no se miden en minutos ni en metros: a veces, la vida, la memoria y el bosque nativo valen más que la urgencia de llegar un poco antes a la ciudad.
En ese marco, incluso se llegó a proponer una traza alternativa que permitiera continuar la obra sin tocar al quebracho. Sin embargo, la propuesta no fue considerada.
Hoy, en un contexto regional que cambia, la Corte Interamericana de Derechos Humanos acaba de reconocer a la naturaleza como sujeto de derecho, un hito legal que amplía el marco ético y jurídico para discutir estos casos. En ese nuevo horizonte, lo sucedido en Villa Allende deja una marca.
Como su nombre lo indica, quebracho proviene de quiebra hacha, aludiendo a la dureza de su madera. Hoy, en esta localidad cordobesa —inmersa en el ecosistema del bosque serrano— ese nombre adquiere un nuevo significado: resistencia, memoria y llamado a repensar cómo habitamos y transformamos el territorio.
Aunque el árbol ya fue trasladado, su historia sigue echando raíces. Lo que brotó en este mes de resistencia es una conversación más amplia sobre el derecho a decidir colectivamente el destino de lo común. Porque proteger un árbol también puede ser una forma de proteger la posibilidad de discutir futuros posibles encontrando en la diversidad de voces alternativas superadoras para las generaciones nuestra así como futuras.
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