Monedas al aire
Por Pablo Callejón
El canto de la moneda
Por Pablo Callejón Periodista
“En esta elección están esperando que salga cara o cruz y a lo mejor, la moneda cae de canto”, ironizó un dirigente que alguna vez tuvo que lidiar con especial protagonismo en las elecciones municipales. Nadie presume una luz de ventaja en la disputa de los tres tercios. A un mes de la votación que definirá el poder en el Palacio de Mójica, el “todo puede pasar” se repite con frecuencia en los pasillos de la política. El microclima emerge enrarecido por la incertidumbre de un escenario electoral inédito, mientras una mayoría de los riocuartenses se muestran apáticos a una disputa que no parece tener en agenda la preocupación social y económica que los abruma. Es un proceso que no arriesga ni sorprende con propuestas que atraviesen las distracciones diarias, en un intento por imponerse en el debate social. En tiempos de crisis, las obras faraónicas y las promesas de alto costo pierden relevancia ante la contundencia de lo urgente.
Adriana Nazario ya no oculta su fastidio frente a los que auguraban – y hasta impulsaban- una renuncia a su candidatura. La referente de la Fuerza del Imperio del Sur recordó que era la “candidata natural” en 2012 y aseguró que “podría haber ganado claramente aquella elección”. 12 años después, sin ocupar un cargo público ni ostentar una estructura que impulse su postulación, la lógica política suele pasar algunas facturas por el tiempo perdido. Sin embargo, Nazario resolvió no esperar el aval del Justicialismo ni la venia de sus dirigentes, para avanzar en sus aspiraciones por gobernar Río Cuarto. “Yo no quebré nada, en todo caso al peronismo lo quebraron ellos”, afirmó Nazario en directa alusión al intendente Juan Manuel Llamosas, quien es presidente del partido en Río Cuarto. Durante la presentación de propuestas ante el círculo rojo local representado en la Fundación 2030, la ex diputada nacional, evitó reflexionar sobre la ciudad de los próximos años y aprovechó el tiempo de cierre para denunciar “un acoso tremendo”. Apuntó contra una serie de cuentas con un presunto origen en Salta, Corrientes o el Chaco que la vincularon con otras fuerzas políticas o personajes denunciados por corrupción. “¿Por qué lo hacen? ¿Será porque todavía no he pautado en los grandes medios de la ciudad? ¿Será porque soy mujer?”, se preguntó. Es difícil medir el impacto negativo que podrían tener esas publicaciones, más allá del disgusto personal que provocan en quienes lo padecen. De todos modos, las operaciones pueden tener un efecto boomerang: colocan en el centro de la escena y victimizan socialmente a quienes pretenden denostar. En estas últimas semanas, algunas maniobras opositoras a Nazario hicieron más por su postulación que su propia estrategia comunicacional. En su entorno siempre valorizaron el piso de adhesiones que podría acompañar a quien aspira a convertirse en la primera mujer intendenta de la ciudad. Pero, en una elección de tercios y sin balotaje, el verdadero dilema es el techo de cada candidato.
Aunque hay sondeos habituales sobre la evolución de la preferencia del electorado, nadie habla de las encuestas ni las muestra. “Estamos bien”, es la respuesta recurrente ante las consultas periodísticas. La historia reciente revela que los consultores suelen priorizar la voluntad de quien solicita el análisis en lugar de visibilizar la preferencia real de los votantes.
Y en ese esquema sin claros ganadores, por ahora se imponen los interrogantes.
El oficialismo decidió cambiar la estrategia de campaña. Ya no se trata de Guillermo, sino de “Guille”, y en los colores de los afiches o spot de redes sociales se advierte la estética de la versión provincial de Hacemos por Córdoba. La nueva etapa anticipó el acta de defunción del slogan “seguimos cambiando”, una búsqueda confusa y frágil que nunca logró consolidarse. “Seguimos” implica la continuidad, más allá del intento por incorporar la palabra “cambio”. En aquel momento, De Rivas insinuó diferenciarse y planear un estilo propio, aunque finalmente se impuso la lógica que suele acompañar a las fuerzas gobernantes. El actual secretario de Gobierno optó por no tomar licencia y mostrarse en todas las inauguraciones y en cada uno de los eventos oficiales. De Rivas decidió ser Juan Manuel Llamosas y su gestión. Podría ser una búsqueda redituable en virtud de los niveles de adhesión que conserva el Ejecutivo municipal. Sin embargo, contrasta con otros dos factores. Por un lado, la idea de cambio que se impuso desde la irrupción de Javier Milei, y por el otro, la construcción personal y los rasgos de identidad del candidato. En el 2016, Llamosas arrasó en la contienda con Eduardo Yuni. El dirigente radical había intentado beneficiarse de la presidencia de Mauricio Macri y su respaldo nacional. Cada semana desembarcaron ministros del gabinete para anunciar obras y desembolsos. En lugar de sumar voluntades, la táctica provocó un rechazo mayoritario. “A los riocuartenses no les gusta que desde afuera les vengan a decir a quién votar”, admitieron desde el radicalismo local. Algo similar se intentó plantear con el respaldo de José Manuel de la Sota a Miguel Minardi, cuatro años antes. Sin embargo, los contextos fueron diferentes. “A Yuni el respaldo de Macri no le permitió acortar diferencias. En cambio, cuando “el Gallego” se puso la campaña al hombro, Minardi se acercó a (Juan) Jure. El problema es que De la Sota se pasó de rosca con actos y acusaciones que terminaron opacando a su propio candidato y victimizando al entonces intendente”, reflexionó un referente del peronismo local. En aquella elección muchos hubieran preferido votar a De la Sota, pero en las boletas estaba Minardi. Y el dilema vuelve a plantear hasta donde resulta conveniente el desembarco sistemático del gobernador Martín Llaryora, y sobre todo, como puede el oficialismo otorgarle a De Rivas un volumen propio.
En la vereda del frente, la coyuntura le ofreció a Gonzalo Parodi una oportunidad que nunca hubiera imaginado. La implosión de Juntos por el Cambio y las derrotas en la gobernación y la intendencia de Córdoba, hubieran supuesto la sentencia de un desenlace adverso en Río Cuarto. Se trataba de un efecto dominó que dejó al radicalismo provincial con las manos vacías y en un contexto difícil de remontar. Fue la división del Justicialismo la chance para volver a disputar con serias posibilidades la elección. La incorporación de Gabriel Abrile le aportó a Parodi una imagen de unidad y nexos con sectores del poder económico que difícilmente le hubieran atendido el celular al ex dirigente de Franja Morada. Los votos del Circuito Centro son la clave para las aspiraciones de Primero Río Cuarto. “Si logramos en este sector una buena diferencia y disputamos Alberdi, podemos ganar. En Banda Norte, es más difícil, De Rivas está muy bien”, reconoció un referente radical.
Cada elección tiene su particularidad y los antecedentes pueden llevar a interpretaciones erróneas. En las últimas elecciones el peronismo perdió su histórica hegemonía en Alberdi, aunque estaban en juego otras candidaturas e intereses. En la disputa por la gobernación y con Llamosas encabezando la lista de legisladores, el PJ provincial sufrió una dura derrota en Río Cuarto y el departamento. Tampoco pudo imponerse el ex gobernador Juan Schiaretti en su aventura presidencial en diciembre pasado. En 2020, en cambio, Llamosas había duplicado los sufragios que obtuvo Abrile en barrio Alberdi y pudo alcanzar una clara ventaja en Banda Norte. El resultado definitivo fue más escueto. En plena pabdemia, Llamosas superó al médico terapista por solo cinco puntos en la general.
La disputa voto a voto le otorga especial trascendencia al respaldo que obtengan el resto de las fuerzas. El inédito proceso no solo vislumbra una competencia de tercios, sino que ofrece un abanico de 10 candidaturas, con algunas fuerzas que podrían limar las preferencias de los aspirantes con mayor adhesión.
La primera elección desde la irrupción de los libertarios en el poder nacional propone nuevas lecturas de construcción política que podrían dejar en evidencia la caducidad de algunas viejas prácticas. Las redes sociales muestran una candidez y espontaneidad que suelen recaer en la frivolización de los aspirantes al Sillón de Mójica. La idea del cambio tiene múltiples lecturas en la representación, pero en la boleta única no habrá ningún outsider. El escenario parece incierto, no solo por lo que se dice sino por lo que se evita contar. La moneda está nuevamente en el aire y a un mes de apertura de urnas, todo puede pasar.
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