Los esenciales son ahora prescindibles
Por Pablo Callejón
“Con la presente se recuerda a Usted que el vínculo contractual que lo unía con la administración pública provincial, bajo la modalidad de locación de servicios, venció automáticamente y de pleno derecho el pasado 31 de diciembre. Por tal motivo, no deberá concurrir a prestar servicios a partir del 1 de enero”
La fría y severa notificación de un copy paste elaborado por un acartonado notario de oficina es “un hasta acá llegamos”, sin apenas un “gracias”. La advertencia del CIDI fue el dictamen lacónico a un vínculo de jornadas con largas horas en una guardia hospitalaria y corridas en pasillos de urgencia para salvar la vida de un paciente. Son despidos que incluyen a quienes fueron esenciales durante la pandemia y volvieron a ser prescindibles en una tabla contable de Excel, apenas dos años después. Las áreas de salud revelan algunos de los recursos de contratación con mayor inestabilidad en el Estado. Un día estas, y al otro día te podés convertir en una mera advertencia de un sistema digital. Ningún telegrama de despido hubiera resultado más amable, aunque en otros tiempos habría existido la aliviadora posibilidad de hablar con alguien de carne y hueso. Algunas médicas cesanteadas fueron informadas apenas 48 horas antes de asumir la guardia en el área de Neonatología, uno de los sectores más sensibles de la asistencia hospitalaria. Otras enfermeras recibieron el alerta del CIDI mientras cursaban un embarazo de riesgo o se recuperaban de un tratamiento oncológico. La promesa de revisar caso por caso, solo evidencia el impacto del error cometido. Algo se quiebra cuando te piden que no vuelvas, aún cuando un cartelito en el celular te comunique días después que podés regresar.
El sistema de seguimiento que determina la cantidad de cirugías que realiza un médico en el quirófano, las atenciones en un consultorio de clínica médica, las prestaciones que realiza cada enfermero o camillero o las placas que saca un radiólogo cada 24 horas, son números. Tres por acá, cinco en la fila siete, ocho que faltan por este lado. Cifras que no podrían explicar por sí mismas esa recopilación. El cuestionamiento por los abusos en la toma de licencias carece de fundamentos individuales. Los autocovoncados por la Salud y ATE advirtieron que hubo despidos por licencias sin preguntarse el por qué. “Echaron a una compañera que había enfrentado un embarazo de riesgo y por prescripción médica debía hacer reposo en su segundo embarazo”, explicaron. Durante el fin de semana, representantes de ATSA, SEP y ATE se reunieron con los directores Ivan Aznar y Valeria Alaniz, y con el encargado de las reparticiones de Salud Pública de la zona sanitaria sur del Ministerio de Salud de la Provincia, Fabio Guaschino. Los funcionarios admitieron que “se está revisando caso por caso” de las personas despedidas. En Río Cuarto, hubo al menos ocho trabajadores que perdieron su vínculo con el Hospital el último día del año. El debate por las licencias demuestra las fragilidades en los controles directos sobre los trabajadores afectados. ¿No deberían existir pautas concretas y controles reales sobre las licencias otorgadas? Y si esto ocurre, ¿Por qué hubo despidos por licencias extensas o abusivas que ahora deben ser revisados por significar decisiones erróneas?
Los gremios ven detrás de la ola de ceses de contratos una política de ajuste. No solo pidieron a la conducción del Hospital “que se deje de echar trabajadores”, sino que reclamaron ratificar el plan de pases a planta permanente para regularizar la situación de miles de contratados. El contexto de tensión sumará a partir de enero un factor clave: la administración del gobernador Martín Llaryora busca revisar las actualizaciones automáticas por inflación que habían acordado los sindicatos con el ex mandatario Juan Schiaretti. El desplome salarial por la devaluación y los aumentos sin freno que dispuso el modelo económico de Javier Milei destruyeron el poder adquisitivo de los trabajadores en pocas semanas. La caída salarial en el primer mes del gobierno libertario es equivalente al hundimiento en los haberes durante los cuatro años de Mauricio Macri. La que viene no solo será una negociación para lidiar con una transferencia brutal de ingresos populares hacia poderes concentrados de la economía, sino un sesgo de supervivencia frente a la avanzada irremediable de la pobreza.
La crítica situación de la obra social Apross en el interior provincial –siempre funcionó peor que en Córdoba capital- y el aumento en los aportes de los trabajadores a la caja de jubilaciones, son otro frente de conflicto que pudo saldarse en la Unicameral pero incrementó el malestar en la planta de personal. El clima de inestabilidad se produce en medio de un alza en la demanda del sector público por los fuertes aumentos en prepagas y la crisis en el financiamiento de las obras sociales. La mayor presión sobre el sistema sanitario también se advierte en los niveles primarios que receptan dispensarios y el Centro de Salud. Así lo admitió el intendente Juan Manuel Llamosas, quien espera índices más altos de asistencia a partir de marzo y abril.
La estela de guardapolvos y uniformes blancos y celestes que tuvo en vilo a la salud pública en todos los hospitales provinciales podría reactivarse en un escenario aún más complejo. Ya no se trata solo de recuperar salarios sino de volver al mismo puesto de trabajo el día después.
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