Un año de Milei
Por Pablo Callejón
A un año de la asunción de Javier Milei como presidente de la Argentina, el país se ratifica en previsibles consecuencias y sigue inmerso en complejas contradicciones. Ningún indicador social ha mejorado con la política libertaria. Los trabajadores formales públicos y privados perdieron entre un 7 y un 16 por ciento en promedio de su poder adquisitivo. El derrumbe llega al 40 por ciento en algunos sectores, como el de los trabajadores universitarios. En estos primeros 12 meses creció la desocupación nacional hasta superar el 7,6 por ciento y se duplicó el número de personas que tienen más de un empleo para poder subsistir. Además, 126 mil trabajadores del sector privado perdieron sus puestos laborales.
La pobreza aumentó hasta superar el 52 por ciento, con un mayor impacto en niños y adolescentes, donde siete de cada diez viven en hogares pobres. El consumo se desplomó hasta impactar en alimentos sensibles de la vida de los argentinos. La compra de leche cayó un 16 por ciento y la de yerba, más del 9 por ciento. La comercialización de carne tiene los peores números de los últimos 110 años: cada habitante, consume 22 kilos menos de carne de vaca por año.
Los jubilados fueron profundamente afectados por el modelo. Pese al relato del Gobierno, los datos oficiales del INDEC revelan que, en los primeros seis meses, la población mayor de 65 años o más, fue la que más se empobreció. A finales de 2023 el17,6% de los adultos mayores vivía en la pobreza y el número de afectados alcanzó el 29,7% en el primer semestre del año. A la quita de la cobertura del 100 por ciento de medicamentos del PAMI se sumó un alza del 240 por ciento en los precios de los remedios más consumidos.
La presunción de haber tocado piso en la recesión y los augurios de un rebote que permita suponer un crecimiento en el 2025, son aún previsiones inciertas. La desaceleración de la inflación, después de una devaluación brutal en el primer mes de gobierno y un costoso lastre del gobierno de Alberto Fernández, es el principal argumento para intentar convencer a una mayoría sobre las supuestas bondades del modelo libertario. La baja del riesgo país o los saldos a favor de la balanza comercial no logran responder, sin embargo, las urgencias de una mayoría. La actividad industrial volvió a retroceder en octubre, al registrar una caída del 2% interanual, y la construcción sufrió su peor retroceso mensual desde marzo, con una debacle de casi 30% en lo que va del año. Solo en el primer semestre, el PBI argentino se redujo un 3,2 por ciento.
La economía volvió a fundamentarse en sus matrices primarias, con un fortalecimiento del sector minero, hidrocarburífero, energético y de exportación de cereales, mientras la industria se redujo un 14 por ciento en los primeros ocho meses de año. No todos pierden, claro. Según datos del Instituto y Pensamiento de Políticas Públicas, petroleras como YPF y Tecpetrol mostraron un saldo positivo de más del mil por ciento, los bancos, como Macro y Santander, aumentaron su rentabilidad en más del 400 por ciento, y cerealeras, como Molinos Agro, expandieron su resultado operativo en más del 7 mil por ciento. El modelo libertario también facilitó la bicicleta financiera, con el sistema Carry Trade como vedette, que facilitó ganancias para los especuladores de hasta el 50 por ciento en dólares.
“El fenómeno barrial”, del que se ufana el presidente Milei, se expresa en la resistencia política frente “al mayor ajuste de la historia”. El mandatario nacional les garantizó a los poderes financieros el pago de la deuda externa por sobre las urgencias sociales y productivas, y le cedió al Fondo Monetario Internacional restricciones en el gasto social superiores a las que el propio organismo demanda. El dólar blue vale casi lo mismo que el oficial y la devaluación por goteo parece sostener una especie de convertibilidad que elevó fuertemente el costo país. Hoy, el país es caro para los argentinos con salarios deprimidos y para los extranjeros que visitan cada vez menos las bellezas turísticas nacionales. El alquiler de una semana en un departamento frente al mar brasileño cuesta la mitad que una cabaña en Calamuchita.
La desregulación del Estado y el avance privatizador que coordina el ex cavallista y ex macrista, Federico Sturzenegger, bajo la atenta mirada de Milei, permitió la eliminación de algunas leyes y la desaparición de organismos como el INADI, aunque necesitará de un mayor aval parlamentario para alcanzar los niveles de destrucción del Estado a los que aspira Milei. Sin esas herramientas, el gobierno libertario apuesta, fundamentalmente, a desfinanciarlos y reducir la planta de empleados. Durante el gobierno de la Libertad Avanza, 31 mil trabajadores públicos perdieron sus cargos.
En Río Cuarto, se paralizó la obra pública que dependía de fondos nacionales y solo permanece activa la autovía a Holmberg, aunque no se completaría la totalidad de proyecto, sino lo que ya estaba en marcha. Nada hace prever avances en obras de desagües y pavimento que habían sido prometidos con fondos nacionales. Tampoco se construye el nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Económicas ni hay avances la autovía a la ruta nacional 158. No hay tampoco planes de viviendas nacionales y se desmanteló el plan PROCREAR.
Pese a los indicadores sociales y productivos, Milei mantiene una alta aceptación social en la región y en Córdoba. Las encuestas revelan en el país que una mayoría cuestiona decisiones del Gobierno, pero avala en general a la gestión o el modelo. Las críticas a la política tradicional y la ausencia de un modelo alternativo con cohesión y dirigentes que lideren un cambio con esperanzas, consolidan a Milei. El rechazo hacia lo que pasó parecen blindar, al menos en este primer año de gestión, al Gobierno. Mandatarios provinciales, intendentes, sindicatos nucleados en la CGT y organizaciones, parecen esperar que la gestión decante por sus propias debilidades, en lugar de confrontarlo. En realidad, advierten que el rechazo al ajuste de Milei puede no ser mayor al que ellos mismos logran encarnar en la población. La construcción de un enojo social que aceptó el ruido de la motosierra, solo fortaleció a las estructuras políticas, económicas, judiciales y hasta sindicales, que siguen intactas. Un año después, la percepción es que la casta sigue vivita y coleando.
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