En vivo: Alberto Fernández asume como presidente de la Nación

Cristina Fernández también jura como vicepresidente de los argentinos. Una multitud frente al Congreso y en Plaza de Mayo.

LA ERA DE ALBERTO

Por Pablo Callejón

En el Palacio de Mójica indagan entre posibles interlocutores el modo de acercarse a Alberto Fernández. “Tenemos gente conocida que formará parte del gobierno nacional y vamos a sentarnos para ver si se puede cumplir con lo que no llegó con Macri”, afirmó el secretario de Gobierno Camilo Vieyra a Póster Central. El camino podrá ser tan sinuoso y pedregoso como lo decida el presidente que asumirá el próximo martes. Juan Manuel Llamosas resolvió alinearse sin matices a la estrategia del cordobesismo que impulsó el gobernador Juan Schiaretti y lejos de la neutralidad, la decisión volvió a beneficiar a Mauricio Macri, quien se llevó un bálsamo de votos necesarios para recortar la abultada diferencia que Fernández había alcanzado en las PASO. Río Cuarto no fue la excepción y el triunfo de Macri alcanzó niveles históricos en bastiones del peronismo, como barrio Alberdi.

En el entorno de Llamosas descartan que Fernández intente incidir en la primera elección municipal tras las presidenciales y confían en que “no cometerá los mismos errores que el kirchnerismo profundizando la grieta con los cordobeses”. Sin embargo, nadie se anima a anticipar que puedan llegar los fondos que debe el gobierno nacional en obras ó se articulen nuevos desembolsos. La deuda de la Nación con la Provincia supera los 11 mil millones de pesos y en la ciudad, obligó a paralizar los proyectos que no pudieron ser sustentados con recursos propios. El intendente consideró que una de las prioridades del mandato de Fernández debería ser una nueva ley de coparticipación que descentralice los aportes, aunque la crisis económica ofrece escaso optimismo sobre un debate urgente.

Schiaretti decidió no responder las críticas de Alberto Fernández al cordobesismo y aspira a alcanzar una relación institucional que, al menos por ahora, solo es fría y distante. El mandatario estará en el acto de asunción en un Congreso que volverá a separar a los legisladores de Hacemos por Córdoba del resto del peronismo nacional. El Interbloque Federal, que tendrá al riocuartense Carlos Gutiérrez en una de las bancas, podría ser clave para que el oficialismo pueda alcanzar el quórum en Diputados.
Llamosas valoró que Río Cuarto sea una de las capitales alternativas que el gabinete nacional visitará al menos dos veces en cuatro años y criticó las políticas económicas y sociales de Macri, sin abandonar la estrategia de la boleta corta. Pese a que varios dirigentes del peronismo riocuartense le pidieron que dejara la prescindencia, el intendente no lo hizo, ni lo hará.

El Frente de Todos en Río Cuarto aparece fragmentado en varias partes, aunque ninguna alcanza una capacidad de daño electoral para Llamosas, según señalan las encuestas. Algunos referentes están más preocupados por la definición de cargos en los organismos nacionales, como ANSES y el PAMI, que en disputar el sillón de Mójica a pocos meses de la asunción de Fernández. El avance sobre eventuales candidaturas en un espacio propio no supera la mera especulación. La coincidencia en un modelo de gestión se reduciría a una carta de presentación y el principal factor de negociación estará en el armado de la lista de concejales y tribunos de cuentas.

Alberto Fernández llegará el próximo martes al Congreso en su automóvil Toyota gris, escoltado por la unidad de Granaderos. El presidente pidió “cero pomposidad” y gestos de austeridad. Recibirá el bastón y la banda presidencial de manos de Mauricio Macri y luego se trasladará a Casa Rosada, donde lo aguardará una multitud. La sucesión constitucional será la ratificación democrática que impulsará un profundo cambio político, económico y cultural. El regreso del peronismo al poder exigirá acciones en medio de un escenario repleto de urgencias. Con una pobreza superior al 40 por ciento y una economía sin signos de recuperación, Fernández apostó a la lucha contra el hambre y el “poner plata en el bolsillo de la gente” como sus principales prioridades. La apuesta revela la herencia que recibirá después de cuatro años de Cambiemos en el poder. Inflación desbordada, endeudamiento récord, recesión, caída del consumo, desplome de la industria, aumento del desempleo, reservas bulímicas y pérdida del poder adquisitivo son algunas de las consecuencias del modelo que suponía una revolución de la alegría.

Hasta el pasado 18 de mayo, ningún analista se hubiera imaginado que Alberto Fernández sería el próximo presidente de los argentinos. La decisión de Cristina pateó el tablero electoral y provocó una confusión insuperable en el oficialismo. Fernández comenzó a articular un amplio armado con todo el peronismo incluido y resolvió en primera vuelta una elección que los operadores mediáticos auguraban como “muy reñida”.
El presidente es considerado, sobre todo, como un estratega de los consensos. Y en el fortalecimiento del poder propio decidió resguardarse en el respaldo de los gobernadores. El ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner se siente representado por la gestión del mandatario fallecido pero no se identifica en el kirchnerismo puro, que surgió a partir de las dos presidencias de Cristina Fernández.

Fernández había comenzado a militar como delegado de la Unión de Estudiantes Secundarios y en 1983 se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), donde es actualmente docente. Cuando el ministro de Economía del presidente radical Raúl Alfonsín, Juan Sourrouille, le ofreció el cargo de subdirector general de Asuntos Jurídicos, Fernández ya era apoderado del Partido Justicialista. Al cumplir los 30 años, durante la primera presidencia de Carlos Menem, fue nombrado Superintendente de Seguros de la Nación. En 1991 fue premiado como uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes de la Argentina y también recibió un reconocimiento como el mejor empresario del año en el sector asegurador. Luego, fue funcionario del gobierno de la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Eduardo Duhalde y en 1996, Eduardo Valdés, actual diputado del Parlasur, le presentó al entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner.
Con el arribo de Kirchner a la presidencia, Alberto Fernández asumió un rol clave en el tejido de poder del mandatario que había llegado con un respaldo electoral del 20 por ciento y se fue del poder, con altísimos índices de popularidad.
Tras la crisis del 2008 por la ley 125 de retenciones, Fernández dejó el gobierno nacional después de 1883 días en el cargo de Jefe de Gabinete. En su lugar asumió Sergio Massa, quien luego se convertiría en su aliado político en el Frente Renovador. Colaboró con su campaña presidencial en 2015 y en 2017, fue jefe de campaña de Florencio Randazzo que se postuló como senador de la provincia de Buenos Aires. En diciembre de ese año, después de casi un década de distanciamiento, volvió a hablar con Cristina y se restableció un vínculo que apenas dos años después lo convertirá en el presidente de los argentinos.
El 10 de diciembre, la Argentina hará una nueva apuesta democrática para superar problemas estructurales y la crisis provocada por un nuevo proceso neoliberal. La era de Alberto ya estará en marcha.