Las mil y un razones

Por Pablo Callejón

Félix Novillo se asomó al pasillo al escuchar los aplausos. Unos minutos antes, el médico terapista le había anticipado el alta tras un segundo hisopado negativo. Félix había transcurrido 20 días de internación por una sospecha de neumonía bilateral que derivó en la certeza por Coronavirus. Una pasarela de guantes inflados como globos y enfermeras de punta en blanco lo acompañaron hacia la puerta de egreso. En la Neoclínica se respiraba un clima de desahogo y euforia que varios meses después se revelaría en rostros más exhaustos. El paciente cero no había viajado al exterior, que era el modo en que suponíamos llegaba el virus en aquellos primeros días de pandemia. El puntano de 62 años se habría contagiado en el contacto con turistas en el sur del país y con el paso de las horas comenzó a complicarse su estado de salud. El resultado positivo lo convirtió en el primer caso en Río Cuarto, aunque las estadísticas no lo registran de ese modo. En los listados oficiales aparece como un positivo de Villa Mercedes, la ciudad donde reside. El formalismo estadístico no pudo entrar en contradicción con la historia. Félix había sido escrachado en fotos con su familia en las redes sociales y le reprocharon conductas que desconocían. Dos semanas después, el hombre había logrado superar al virus y los prejuicios. La viralización de los videos lo mostraban atrapando abrazos en el aire del pasillo de Terapia Intensiva. Era el final de una gesta que fortalecía corazones. En sus últimas palabras antes de regresar a su hogar pidió que no tuviéramos miedo.

Ya superamos el millar de casos. Para ser más exactos, son 1038 contagios. La curva de duplicación explotó por los aires. El brote solo necesitó de algunas semanas para extenderse por toda la ciudad y provocar la muerte de 8 personas. Hay positivos en 712 viviendas de Río Cuarto y 1250 personas están aisladas por convivir con el paciente. Otras 1619 tuvieron contactos estrechos y transitan la etapa de cuarentena. Hay más de 800 casos activos por la enfermedad y 228 personas ya recibieron el alta. La trama más compleja aparece con los 33 internados y el temor a acercarnos al límite de capacidad de las camas de terapias en centros asistenciales públicos y privados. No solo se trata de un lugar con respirador, sino de contar con personal de salud especializado en unidades crónicas. La cuarentena permitió fortalecer los hospitales, importar insumos, adquirir equipamiento, desarrollar test de análisis y hasta impulsar el desarrollo de una vacuna. Nos dio tiempo para articular un plan de acción en un sistema de salud devastado, con una crisis social profunda y una pandemia de la que sabíamos muy poco. Pero los médicos, médicas, enfermeros y enfermeras terapistas no se multiplican en pocos meses. El recurso humano indispensable requiere de años de formación y son la real consecuencia de las políticas de salud. Hoy están exhaustos, estresados, a veces enfermos y en muchos casos hartos por destinar largar horas en una lucha que hace agua en los gestos de irresponsabilidad individual. El auge de contagios nos encontró en el peor momento. Hay un desgaste emocional, un agotamiento social profundo, una crisis económica que da escuálidas señales de recuperación y demasiadas voces irresponsables que buscaron mofarse de las políticas sanitarias y hoy ruegan por medidas restrictivas sin ponerse colorados.

Las 8 muertes que sufrió la ciudad por el Covid19 representan al 1 por ciento de los casos positivos. El 53 por ciento de los contagiados fueron hombres, según el informe oficial de la secretaría de Salud del municipio. El diagnóstico estadístico revela que el mayor número de afectados aparece entre los 29 y 59 años, pero son los mayores de 60 los que sufren un riesgo más alto de complejidad. Los expertos sanitarios se preparan para lo peor. Los casos subirán fuerte en las próximas “5 o 6 semanas” hasta alcanzar un amesetamiento. Luego, los números comenzarán a bajar si se logran evitar nuevos focos. En el COE consideran clave impedir las reuniones sociales y observan especialmente lo que sucede en los barrios cerrados. Los encuentros en countries fueron un factor de multiplicación de casos. Quienes se mofaron de la gravedad de la enfermedad y creyeron que la libertad se resguarda en la rebeldía de un asado, hoy son parte de las consecuencias. Si la multiplicación de contagios no cede, Río Cuarto podría necesitar “en una o dos semanas” derivar pacientes hacia otras ciudades de la Provincia.

No hubo mala suerte. No fue la moneda al aire que salió en cruz. Quienes aguardaban que todo se resuelva en controles viales con termómetro en mano se equivocaron. Con intencionalidad o por vaga torpeza, exigieron que la ciudad fuera un bastión inexpugnable con el esfuerzo de los otros para garantizar su status de relajamiento. En consignas que repetían como en la publicidad de un shampoo insistieron en calificar de dictatorial el pedido para que te cuides en tu casa. Con letras gigantes y gestos de enojo embanderaron sus broncas. Algunos de sus voceros, como el popular locutor Mario Pererya, utilizaron la cuarentena para reivindicar al dictador chileno. “Pobrecito Pinochet”, se lamentó el conductor del programa radial más escuchado en la Provincia. Hoy ni siquiera hay cuarentena. Los contagios fluyen en cada barrio, mientras lo único que nos piden desde el Estado es que mantengamos distancia. La cuestionable decisión del Gobierno de Córdoba de impedir que un papá despidiera a su hija enferma de cáncer la multiplicaron en un todo. Utilizaron la tragedia para advertirnos que nos estaban aniquilando todas las libertades. Pero el virus desconoce de grietas, ideologías y fantoches mediáticos. En Jujuy y Mendoza, dos bastiones de Juntos por el Cambio, la enfermedad agobia como en Buenos Aires y Córdoba, referencias del peronismo. En las salas de terapia, conviven por igual los que estuvieron a favor o en contra de la cuarentena. Ni siquiera podemos medir cuál será la magnitud de lo que puede pasar.

Argentina ya está entre los 10 países del mundo más afectados por el Coronavirus. Los casos llegaron más tarde, pero finalmente están. La cuarentena buscó ralentizar el proceso y dar tiempo. El aislamiento siempre fue un proceso de etapas, nunca existió una cuarentena eterna. Al principio, era necesario el control absoluto para disponer de mejores condiciones para enfrentar al virus y empoderar con un protocolo preventivo a la población. Ningún plan hubiera garantizado que en apenas 6 meses el país superara años de deterioro de la salud pública, inmerso en una debacle social y económica. Cada etapa tuvo un sentido y un tiempo. La última, nos expuso al resultado de nuestras propias conductas. Seguir esperando que el presidente pulse el botón rojo y la vacuna llegue a las farmacias nos distrae en atajos que no están hoy a nuestro alcance. Para evitar el miedo, solo debemos volver a las fuentes. Ya pasaron 169 días del primer contagio y encontramos más de mil y un razones para decidir qué hacer. Podemos tomar distancia o ir en busca del virus. Nadie nos ha quitado la libertad de elegir.