La campaña eterna
Por Pablo Callejón
La elección no están en la agenda de los riocuartenses. Se ha convertido en una molestia, un moscardón zumbando sobre las cabezas dispersas por la economía y la pandemia. La escasez de ideas y el desinterés colectivo parecen llevar a la campaña más extensa de la historia en una mochila cada vez más difícil de quitarse de encima. La votación no se concretó cuando aún no había casos y comenzaba a emerger la cuarentena estricta. Parece que tampoco se abrirán las urnas en medio del pico más alto de contagios. A diferencia de aquel lejano abril, la elección volverá quedar en el freezer aunque un 90 por ciento de las actividades se desarrollan con normalidad y escasas restricciones. El camino hacia el 29 de noviembre será un proceso largo y tedioso, en medio de la incertidumbre política que podría sumar otra zona gris institucional. ¿Qué nos garantiza que se pueda votar antes de fin de año?
Con más de 70 casos en el peor día desde el inicio de la pandemia, Gabriel Abrile anunció el pedido formal a la Junta Electoral la postergación de los comicios. Otros candidatos, como Eduardo Scoppa, amenazaron con no presentarse. El malestar social hacia el proceso era creciente desde hace varios días y resonaba fuerte en los pasillos del Palacio de Mójica. Sin un escenario propicio para hacer campaña, los postulantes se redujeron a la presencia en las redes sociales, con algunos episodios bizarros que hasta los caricaturizaron. No hubo actos, ni caminatas. Los escasos momentos en que los medios distrajeron su atención de la pandemia y la crisis, les permitieron hacer escuetas apariciones sin efecto alguno. El intendente Juan Manuel Llamosas fue sufriendo el desgaste por el malhumor social ante la debacle económica y el clima enrarecido que provoca la enfermedad, pero es difícil saber cuánto pudo capitalizar la oposición en estos tiempos de enojo mayoritario.
El debate sobre los problemas estructurales de la ciudad aparece como un objetivo presuntuoso. Apenas algunas chicanas y contradicciones sobre el manejo de la pandemia pusieron en los titulares a los aspirantes al Sillón de Mójica. Llamosas pareció beneficiarse del letargo hasta que la pandemia comenzó a mellar sobre las emociones de los riocuartenses. El paso de las semanas generó un deterioro inevitable que en Juntos por el Cambio esperan extender el máximo posible. En el entorno de Abrile creen que la amplia ventaja de la que gozaba Llamosas en marzo se redujo a pocos puntos y sueñan con una elección de fuerte paridad hacia fin de año. Confían, además, en el desgaste de Pablo Carrizo por las denuncias de violencia de género y un eventual juicio oral. La alternativa de una disputa polarizada es el contexto más temido por Hacemos por Córdoba. En el peronismo riocuartense no dejan de lamentarse por enfrentar una crisis sin precedentes, similar a lo ocurrido con Alberto Cantero en el 2001.
Abrile carece de estructura propia y ha decidido reposar sus fuerzas en La 30 de Octubre, un espacio ligado a Juan Jure. El vínculo con Cambiemos no implica necesariamente heredar la marea de votos que obtuvo Mauricio Macri en Río Cuarto, pero el candidato busca defenderla a capa y espada. El médico terapista está convencido que debe sostener esa alianza para seducir a un electorado con el que decidió marchar contra la cuarentena el pasado 9 de julio. Llamosas evitó la confrontación, hasta que las críticas opositores elevaron el tono. El mandatario envió a sus dirigentes y funcionarios a salir a contestarle al candidato radical, quien se convirtió en un rival con mayor dimensión al que suponían al inicio de la contienda. Sin discusión de ideas ni propuestas, se fortalecen los individualismos y el sentido de pertenencia. El radicalismo arrancó derrotado y ahora espera por un último envión.
De aquí hasta noviembre el camino parece eterno. Si la Junta Electoral ratifica el pedido de postergación de la votación, los candidatos sumarán la tercera campaña electoral en apenas un año. El desinterés electoral parece sumar cada vez más fastidio. Muchos se preguntan por qué se suspenden las elecciones, mientras una amplia mayoría de la gente parece transitar sin condicionantes la nueva normalidad. Los expertos médicos coinciden en advertir que las reuniones sociales y familiares, sumados al brote en Vicuña Mackenna, fueron el detonante de la abrupta suba de contagios. Cuando se aplicó un estricto protocolo, las medidas no fallaron. Sin embargo, el Gobierno municipal, en su intento por desviar el debate sobre las elecciones, desestimó informar sobre el protocolo de seguridad sanitaria. A Abrile solo le bastó un posteo en Facebook para obligar al intendente a tener que pedir públicamente que no se vote el 27 de septiembre.
En el oficialismo aseguran que Llamosas no tenía más opción que acompañar el rechazo mayoritario. Creen que las declaraciones del mandatario a Telediario impidieron que se instalara la idea de votar a cualquier costo. En Juntos por Río Cuarto, en cambio, confían en que la dilación signifique una oportunidad para profundizar el desgaste del Gobierno. Unos y otros parecen inmersos en un microclima ajeno al desinterés social. El próximo viernes la Junta Electoral comenzará a definir la casi segura postergación del proceso de votación y es difícil imaginar un mejor resguardo económico y sanitario hacia noviembre. Adelantar opinión sería un acto de mera especulación, aunque los datos de la actualidad dejan poco espacio para el optimismo. El final de año llegará con una acumulación asfixiante de stress que podría insumir los últimos resabios de tolerancia. En ese escenario de incertidumbre y hastío volverían los spots, publicaciones en las redes sociales y maratones declaracionistas. Y la historia volverá a repetirse, como un deja vu de la campaña eterna que nadie se anima a predecir cuándo finalmente derivará en las urnas.
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