El párroco y la pandemia
Por Edgar Cattana
Hoy, 4 de Agosto, es el día del Párroco, que más que un cargo es una vocación y una misión sacerdotal.
Muchas veces me he preguntado en este tiempo ¿qué debo hacer como ciudadano, cristiano, sacerdote y párroco de una comunidad? Mas, sabiendo que de una crisis nadie sale igual, y nos dice el Papa Francisco que salimos mejores o peores, está en nosotros la elección.
Interceder por el pueblo
Cuando nos ordenamos sacerdotes se nos dice, y también se canta: “Tú eres sacerdote para siempre, mediador entre Dios y los hombres”. El sacerdote es quien le habla de Dios a los hombres y de los hombres a Dios. En el caso del Párroco, debe orar por su pueblo, encomendar a sus parroquianos, interceder por ellos.
Hace unos días me encontré con un médico amigo a la salida de terapia y le dije: “rezo todos los días por ustedes y por los enfermos”, la repuesta fue: “‘esa es tu misión”. También, las gente sencilla lo expresa diciendo: ‘Padre, usted que está más cerca de Dios ¿podría rezar por mi?’. No se está más cerca de Dios por los méritos o por las virtudes, porque uno sea perfecto, sino por su misión, porque es el intercesor entre Dios y su pueblo.
El gran encuentro es en la Palabra y la Eucaristía. ¡Qué hermoso es saber que en este tiempo cuando estaban las Iglesias cerradas, muchos fieles participan de las eucaristías que se celebran por medio de las redes sociales. Ej. Un lunes dije: “Hoy celebro la Misa por sus difuntos, por (medio de) facebook, anoten sus intenciones. Lo hicieron más de 200 personas”.
Una tentación en la que podemos caer es el espiritualismo, que un sacerdote diga: “Yo rezo, celebro Misa, pero no me pidan mucho más”. Ahí nos estamos olvidando de la caridad.
El estar con la gente.
El Párroco es el sacerdote que comparte las alegrías y tristezas, gozos y esperanzas de su pueblo, el que está, el que vive en medio de la gente. El Padre Angel Rossi suele decir que es el primer test de un sacerdote. Cuando alguien llega a un pueblo y pregunta por el sacerdote lo primero que le dicen es “está o no está”.
Por eso, el párroco debe tener permanencia en su comunidad. Especialmente, en los pueblos el estar y compartir son muy importantes. Una anécdota: Un día un amigo me dice: “Te veo poco en el pueblo, estás viajando mucho”. Le respondo: “¿para qué querés que esté si no venís nunca a la Iglesia”?’ y la repuesta me impactó, “si estás o no, no es lo mismo, tu presencia es valiosa”.
Desde el estar, la compañía a los enfermos, a las familias que han perdido un ser querido, alentando a los que están tristes, consolando. Se vive profunda y existencialmente la misión encomendada.
La caridad.
En tiempo de los templos cerrados la caridad es mucho más intensa en las Parroquias.
San Juan nos dice que no podemos amar a Dios a quién no vemos si no amamos a los hermanos a quienes vemos. El Sacerdote, especialmente el párroco es la persona que debe estar muy atenta a las necesidades de sus fieles, que sabe compadecerse y buscar soluciones a sus problemas.
Tal vez esto sea lo que más se ve de las parroquias. Podemos correr el riesgo de dedicarnos de lleno a la caridad y nos olvidamos de la oración y de la intercesión.
Oración sin caridad es falsa oración y caridad sin oración, por lo menos, no es caridad cristiana.
Por tanto, considero que el párroco en estos momentos debe ser el intercesor ante Dios por su comunidad, el hombre cercano a su gente y el que promueve la caridad para que nadie sufra necesidad.
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