Una sentencia que atrasa dos mil años – Por Mariano Sampayo
Opinión * Doctor Mariano Sampayo

El reciente dictado de una sentencia condenatoria en un caso resuelto por Jurados Populares, nos coloca en la oportunidad de pensarnos como individuos y también como sociedad; a la vez que nos permite mirar hacia atrás en la historia.
Digo esto porque -ni bien conocido el resultado jurídico de un proceso en donde el mismísimo Fiscal de la Cámara acusadora -luego de exponer elocuentemente sucesivos autores del Derecho Penal sustancial y de forma-, arribó a una conclusión jurídica categórica en carácterdesincriminatorio; esto es, solicitó al Tribunal la expresa absolución del imputado Sergio Medina; en dos palabras- NO ENCONTRÓ PRUEBAS para condenar al imputado -hoy condenado a quince años de prisión-. Entonces se impone una primera pregunta ¿tiene el conocimiento científico del derecho algún valor?.
Se ha podido ver en la audiencia final de qué modo el Sr. Fiscal de Cámara -amojonado por su propia condición- señaló con su pulgar al imputado sentado en el banquillo manifestando “…==…estoy CONVENCIDO de quién mató a tu hermana…==…”, aludiendo a Medina y -luego de dictado el fallo sostuvo ante los medios: “…==…el soberano se ha expresado…==…”
Dos cuestiones trascendentales para pensar lo antedicho; la primera “estoy convencido”; esto es una muestra evidente del “imperio” de aquello que conocemos como post-verdad; esto es, la afirmación de un postulado cualquiera asentado en un “convencimiento” previo, similar a una persuasión de orden psicológico-emocional.
Así las cosas ¿qué verdad es la que se persigue en el desenvolvimiento de un proceso penal?; los libros responden al unísono que esa verdad buscada es la llamada “verdad real o verdad material”; yNO una verdad asentada en un “convencimiento”; no hay lugar en el mundo del derecho para los convencimientos en el sentido antes afirmado. Entonces -así las cosas- para el Sr Fiscal de Cámara ¿son posibles dos verdades?; huelgan las derivaciones al respecto; y desde este plano ha quedado -sobre tiro del final- deslucida su actuación.
También se abre la posibilidad de pensar ¿alguien ha visto por la calle al soberano?, ¿alguien conoce al soberano? ¿qué dimensiones tiene? ¿es rugoso y portante de algún color o seña en particular? Lo cierto es que EL SOBERANO no existe, “soberano” no es nada, es sólouna palabra; razón por la cual indicar “al sobrerano” en el contexto del dictado del fallo es una demagogia que se ha servido de un apelativo a la autoridad de una entelequia, con el sólo fin de adosar al fallo dictado SIN PRUEBAS CONSTITUTUTIVAS DE CERTEZA JURÍDICA DE CARGO de un carácter épico, que a simple vista parece más miserable que épico; caso contrario el Sr. Fiscal habría solicitado al Tribunal la condena expresa del imputado Medina; precisamente si hubiera encontrado la prueba que él mismo no halló.
El Derecho es una ciencia, es un conocimiento determinado, pautado, reglado; no es un seminario de Reiki ni de prácticas orientales en donde se prioriza el mundo de la persuasión emotiva. Resulta sumamente curioso que todos los miembros del jurado popular hayan decidido en igual sentido ¿Acaso todos razonan igual? Es posible, una muestra más de la vida inauténtica, de la vida en tropa, en manada.
Con éstas líneas ya queda claro el sentido de éstas palabras: “…==… a Barrabás, a Barrabás…==…” se escuchó alguna vez en la historia humana. Este fallo dictado evidentemente no ha “recompuesto” la vida social; ha profundizado serios cuestionamientos al sistema normativo que prevé el juicio por jurados populares y ha dejado en claro que -por su desenvolvimiento jurídico previo- atrasa dos mil años, no hay -señores- nada nuevo bajo el sol.
Mariano Sampayo -abogado, mt. 2-958-
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