“La marca más importante que llevarán toda su vida es la tristeza por los compañeros muertos”
Prensa UNRC – María Victoria Aromataris, por todos conocida como Michi, estuvo cinco años presa, razón por la que debió que dejar sus estudios. Era militante primero de la JP y luego de la JUP. Y la suya fue una de las voces que se escucharon en el acto de reparación de legajos que se realizó en la Universidad este viernes.
En esta oportunidad, se planteó agregar sentido a la expresión “estudiantes sobrevivientes al terrorismo de Estado”. Dijo: “Se trata de estudiantes en un contexto de protesta social, de lucha y organización de la clase trabajadora que se entrecruzó con la trayectoria de las izquierdas revolucionarias”. “Contexto en el que no casualmente se despliega el Plan Cóndor, un sistema formal de coordinación represiva entre los países del Cono Sur, que funcionó desde mediados de la década del setenta hasta iniciados los años ochenta para perseguir y eliminar a militantes políticos, sociales, sindicales y estudiantiles en Latinoamérica”.
“Estudiantes que atravesaban un profundo compromiso social ante la injusticia y la desigualdad; que desplegaron su militancia al interior de distintas agrupaciones políticas con la esperanza de hacer realidad la construcción del hombre nuevo, de otro mundo posible”.
“Estudiantes conscientes del riesgo al que se exponían ante la represión que se instaló, sobre todo después del golpe genocida de 1976, atravesando por ello mismo el conflicto entre las convicciones y el miedo… pero no había manera de escapar a esa voz de la conciencia que demandaba el compromiso con el otro, con la justicia social”.
“Estudiantes que tuvieron que huir y exiliarse en algún lugar, ante el peligro que se corría”.
“Estudiantes que fueron detenidos ilegalmente, en general a altas horas de la noche y de forma muy cruenta, llevados muchas veces a instituciones ‘legales’ de detención donde comenzaba la tortura, las vejaciones de carácter sexual, la denigración -en Río Cuarto, por ejemplo, la sede de la Policía de la Provincia-”.
“Estudiantes que durante los años de cárcel padecieron las políticas de aniquilamiento, mejor dicho, el plan sistemático de aniquilamiento de lo que el gobierno militar llamó subversión apátrida o delincuentes terroristas”.
“Estudiantes que durante los años de cárcel recurrieron a estrategias de supervivencia y de resistencia, diferentes según los distintos contextos políticos y disposiciones carcelarias, poniendo en jaque aquel designio que esbozó un jefe de seguridad en la cárcel de Villa Devoto, ‘Ustedes de acá salen locas o muertas’. Los lazos de solidaridad que las presas y presos políticos forjaron dentro de la cárcel les permitieron obstaculizar parte del engranaje de una tecnología disciplinaria desarrollada durante el proceso genocida argentino: formas particulares de organización del cautiverio, de diseminación del terror y de desubjetivación”.
“Estudiantes, algunos, que regresaron del cautiverio en los primeros años de la década del 80 a una sociedad desconocida, enmudecida y aterrorizada. Una sociedad que no podía aun repudiar los crímenes cometidos por la dictadura. Veinte años esperamos para poder hablar de los horrores vividos y contar abiertamente lo que había sucedido. El relato de la recuperación democrática ocluyó el carácter militante de los detenidos y desaparecidos como una forma de despolitización, y silenció las voces de los sobrevivientes”.
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