La pobreza de mil caras golpea a niños, niñas y adolescentes.
Unicef publicó un informe que da cuenta de que 2 de cada 3 niñas y niños de Argentina (es decir el 66% u 8,8 millones) son pobres por ingresos o están privados de derechos básicos, como el acceso a la educación, la protección social, a una vivienda o un baño adecuado, al agua o a un hábitat seguro. Todas estas dimensiones tiene la pobreza hoy.
Algunos enfrentan ambos tipos de privaciones simultáneamente: 3 de cada 10 chicas y chicos viven en hogares con ingresos insuficientes y, al mismo tiempo, tienen al menos un derecho básico vulnerado. Esta situación, que refleja el núcleo más duro de la pobreza, se mantiene desde hace más de seis años, esta persistencia está asociada a la falta de acceso a derechos y servicios básicos fundamentales.
Otra cuestión a prestarle atención es que nueve de cada diez chicas y chicos en situación de pobreza monetaria viven en familias en las que el papá y/o la mamá trabajan, lo cual refleja que la sola creación de empleo, no permite salir automáticamente de la pobreza. El 76% de estas chicas y chicos pobres viven en hogares donde los adultos tienen trabajos informales o relaciones laborales precarias.
Sufrimientos, estigmatización y culpabilización en edades tempranas quedan impregnados en las trayectorias de vida. Por ejemplo, la vida en la pobreza significa no asistir a la escuela o hacerlo con retraso.
Dialogamos con Franco Gentile -Delegado de la Defensoría de los derechos de NNyA de la Provincia en Río Cuarto- para tener un panorama local de esta situación.
Las denuncias que se receptan son de la más variada índole: desde maltrato hasta problemas de salud con falta de cobertura, pedidos por conflictos en las escuelas y bretes burocráticos.
“Ha aumentado en los últimos años de manera considerable el consumo y venta de sustancias. Niños y jóvenes lo ven como una forma de generar ingresos. Al no tener dinero para comer, la venta se presenta como una solución. Pero una cosa lleva a la otra y terminan dejando la escuela e inmersos en el mundo del delito”, afirma Franco Gentile.
“El adultocentrismo que nos rodea impide que los niños, niñas y adolescentes tengan la posibilidad de hacer escuchar su voz, es necesario que pongamos en agenda estos temas. Merecen ser escuchados”.
En la Defensoría recibimos cualquier tipo de consulta o duda respecto de niñez y adolescencia. Tratamos de darle la mejor ayuda posible. Pero en casos de violencia, violaciones, donde hay denuncias en la justicia, ya no podemos intervenir, solamente darles un panorama, una explicación simple. Y además buscamos mejorar todas las situaciones que rodean a cada caso, por ejemplo asistencia social, o intentar tratamientos psicológicos que permitan revinculación de las partes en conflicto.
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