Las fiestas de fin de año ya no son lo que eran – Por Jericles

Por Jericles

Las fiestas familiares de fin de año ya no son lo que eran. Por empezar, te limitan la temática. De política no se puede hablar, porque cuando el simpatizante “K” con aire ganador levanta la copa diciendo “¡Que esta sea una nueva década ganada!”, antes que el tío anti-k le responda furioso, interrumpe conciliadora la tía Elena brindando por pavadas como la paz y la convivencia, buscando cambiar de tema. Y ahí la fiesta empieza a ponerse cuesta arriba… ¡porque no dá para pasarse las tres horas siguientes hablando del clima, de la última serie de Netflix, de si Nacho Fernández se va o se queda en River, o del éxito de la campaña contra la pirotecnia. ¡De ahí en adelante todo será un verdadero plomazo!

Las reuniones de fin de año ya no son lo que eran, también porque ahora falta el abuelo Gregorio, que todos los años se chupaba y empezaba a cantar tarantelas y pasodobles de la pre-historia.
Pero el abuelo Gregorio ya no está, lo mandaron al geriátrico, donde a las ocho de la noche (que para un geriátrico vendría a ser la medianoche) fue una delegación familiar a brindar con él (un ratito nomás, porque había que volver a casa a preparar el vittel toné y cuidar el cordero en la parrilla).
Y si antes nos parecía pesado, ahora se extrañan las tarantelas del abuelo Gregorio.

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¡Y ya casi están desapareciendo esas porquerías dulces que ponían a la hora del brindis, que nos terminan destrozando el aparato digestivo, por no hablar de los daños irreversibles que nos provocan en la dentadura!
Y las fiestas ya no son lo que eran, porque los dueños de casa chupan como descosidos, perolos visitantes ya casi no toman alcohol, porque saben que a la vuelta de la esquina siempre los espera un agente con un tubito para medir el aliento, y al que le tenés más miedo que a un gendarme en un operativo anti-mapuche, porque si ese tubito te da positivo necesitás de un crédito del Banco Mundial para pagar la multa.

Y para terminar este recorrido están los pibes, que cuando pasó un minuto de la medianoche se rajan en busca de la verdadera diversión.
“Podrían quedarse un rato más con la familia”, rezonga la Tía Ernestina. ¡No jodamos, tía Ernestina! ¡Los chicos quieren escuchar a Wos, Paulo Londra o música electrónica, y no quedarse a oír a cinco adultos medio dormidos hablando del dólar, de las enfermedades o de los secretos para condimentar un cordero.

Y como los tiempos cambian, el año que viene, en lugar de tirar una anacrónica cañita voladora,querés copiar a los chinos, que mandaron centenares de drones teledirigidos con luces que te escriben en el cielo “Feliz año nuevo” en idioma mandarín…
¡Dejate de joder!

Jericles