El Fernández que viene
(*) Por Osvaldo Da Costa
Ex concejal, docente de la UNRC, dirigente del Frente de Todos
Tierra arrasada. Ambas palabras se emplean para graficar la Argentina que deja Mauricio Macri al término de cuatro años de gobierno al cual los cientistas sociales se niegan a llevar “liberal” e , incluso, neocapitalista. Frente a los condicionamientos internos y externos que deja de herencia, la mayoría comienza a calificarlo como “neocolonista”.
El 10 de diciembre, cuando Alberto Fernández asuma el Poder Ejecutivo unipersonal en la República Argentina, habrá un 40% de argentinos viviendo en la pobreza, más de la mitad de la capacidad industrial instalada no se pondrá ese día en marcha, la deuda externa en moneda extranjera equivaldrá al PBI de todo un año, las obligaciones a corto plazo obligarán a prever el pago de 40 mil millones de dólares en pocos meses, el Banco Central informará que cuenta con menos de 10 mil millones de la misma moneda como toda reserva disponible, los funcionarios del FMI continuarán monitoreando in situ las decisiones económicas soberanas de la Nación y un centenar de familias argentinas (entre ellas, 40 que engrosaron al “mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años”) renovarán sus depósitos por casi 500 mil millones de dólares en cuentas off-shore a las que ningún blanqueo obligó a cerrar.
Fuera del ámbito económico, tres datos permitirán revelar los alcances del concepto de tierra arrasada -habitualmente reservado para describir la situación de aquellos territorios que han enfrentado conflictos bélicos o catástrofes naturales de magnitud en el pasado reciente- con el que se podrá interpretar las consecuencias del “cambio” propuesto por el gobierno de Mauricio Macri.
En 2014, Argentina había alcanzado el mejor índice de mortalidad infantil de su historia. Hoy, tras la eliminación del plan de casi 20 vacunas obligatorias implementado desde fines de la década anterior, han reaparecido en el territorio nacional enfermedades que habían sido erradicadas. Las consecuencias de las medidas macristas en materia de seguridad social equivalen a las de un silencioso genocidio.
Los derechos de los jubilados y de los trabajadores también han sido aniquilados. En el primer caso, la caída del poder adquisitivo equivale en términos reales a un 30% de lo que percibían en 2015. En el ámbito laboral, el ajuste no requirió otra ley más que la del mercado: la caída de la actividad limitó las demandas salariales, restringió el consumo, y llevó los ingresos de los trabajadores en blanco hacia un tobogán descendente que pulverizó sus ingresos en pesos. Si esa misma ecuación se realiza en dólares, el resultado estremece: Argentina pasó de ser el país latinoamericano con mejores sueldos promedio a ser uno de los dos con salarios más bajos. Sería estúpido pensar que detrás de este dato no figura como “logrado” el principal objetivo que tuvo la administración ceocrática que finaliza su implacable gestión el 10 de diciembre.
Finalmente, en Cancillería y en el Banco Central están guardados los peores secretos de la actual administración. Tres temores ponen en guardia al futuro gobierno: que se haya garantizado con las reservas de Vaca Muerta el pago de la monumental deuda externa contraída con acreedores privados y con el FMI (en total, Argentina ofició de pasamanos entre los “prestamistas” y los fugadores de divisas por unos 110 mil millones de dólares sólo entre 2016 y la actualidad), que la reservas en oro con las que contaba el país en 2015 no puedan ser repatriadas (están en ¡¡¡¡¡¡Gran Brtetaña!!!!!) y que los convenios alcanzados justamente con el Reino Unido obstaculicen los reclamos de soberanía sobre las Islas Malvinas.
“No fue un gobierno conservador ni neoliberal: fue un gobierno procolonialista” sintetizó la ex embajadora Alicia Castro en un reportaje brindado a una emisora radial porteña hace unos días.
A diferencia del capitán del Titanic y de su poco ilustre e ilustrado predecesor en el timón del Ejecutivo nacional, Alberto Fernández sabe que vamos a mil kilómetros por hora rumbo hacia un gigantesco iceberg. Nada sería peor que ordenar seguir “igual pero más rápido”.
Por el contrario, el electo presidente imagina un destino diferente para la Patria,, similar, quizás, al que describe Armando Tejada Gómez en las últimas estrofas de su poema “El Barco”
“Arriba te traficany abajo vamos remando,
remando,vamos remando,nosotros vamos remando,
mientras tanto.
¡Y sin embargo es tan simple!¡Es tan claro sin embargo!
Hay que hacerse del timón.Cambiar el rumbo de manos.
Subir de pronto a cubiertay con este mismo oficio
unitario que remamos-poner las cosas en orden,
limpiar el viento,limpiarnosde los que vienen de arriba
traficando y vomitando. Y entonces,¡proa a los sueños!
¡América está esperando!
También te puede interesar
Benditas madres
13 marzo, 2021
Qué gusto tiene la sal
24 septiembre, 2022