“Nunca asocié al cáncer con la muerte, para mí era un invitado en mi cuerpo y debía decidir hasta cuando iba a estar”
“Nunca asocié el cáncer con la muerte, para mí era un invitado en mi cuerpo y debía decidir hasta cuando iba a estar”, afirmó Angeles Campos, quien en 2019, mientras esperaba para un trasplante de riñón, recibió el diagnóstico de un cáncer de mama. Debió someterse a quimioterapia, cirugía y un año de tratamiento de inmunoterapia.
En diálogo con Póster Central, Angeles manifestó que “en mayo de 2019 me dijeron que necesitaba un nuevo trasplante de riñón y cuando vuelvo a Buenos Aires para hacerme una evaluación médica y someterme a diálisis, me diagnosticaron el cáncer”
“Lo fundamental en este proceso y en un tratamiento tan largo, fue el sostén de la familia y la fe. En mi casa fuimos muy creyentes y nos sostuvimos en eso. Debía pasar muchos meses en el hospital y mis padres me acompañaron. Pensé que no lo iba a superar en un principio y hoy lo puedo contar”, recordó.
La mujer destacó que actualmente reside en Río Cuarto y viajó regularmente para hacer los tratamientos médicos. “La etapa del cáncer está superada y ahora debemos esperar un nuevo trasplante, pero se debe superar el tiempo de vigilancia. Actualmente, me dializo en mi casa”, destacó.
Y agregó: “Nunca asocié el cáncer con la muerte. Para mí, era un invitado en mi cuerpo y debía decidir hasta cuando iba a estar. Aún cuando fuera un cáncer invasivo”
“No fue fácil, me encerré y me largué a llorar. Montones de veces me pregunté porque a mí, pero también me pregunté muchas veces por qué no a mí. No me gusta que me digan que soy una luchadora. Solo quise aferrarme a amigos y familiares que me acompañaron”, reflexionó.
Angeles manifestó que “hubo muchos inconvenientes con la obra social, me atendía en la Fundación Favaloro porque debía enfrentar a las dos enfermedades en forma simultánea, aún hoy enfrento estas peleas”
“Soy docente, volví a trabajar. Hago la profesión que me gusta, volví a estar en las aulas. La vida me dio una nueva oportunidad. La vida está al final del camino, pero se ve”, expresó.
Y añadió: “Cuando fui a la ginecóloga y me dieron el diagnóstico, tuve que cruzar llorando la Avenida de Mayo y mi papá me esperaba en un bar. No le tenía miedo a cáncer, mi drama eran la diálisis. Era algo que debía superar”
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