Sin más remedio
Por Pablo Callejón
Un día después del hallazgo del cuerpo de Nora Dalmasso, Roberto Barzola dio por primera vez su testimonio ante la Justicia. El obrero encargado de pulir los pisos declaró que el sábado 26 de noviembre se presentó en el chalé de la calle 5, en la Villa Golf, a cumplir con su tarea. Aquella lluviosa mañana, nadie le abrió. Su jefe, Walter González, no estaba en el lugar y la vivienda parecía vacía. El relato fue escueto, casi intrascendente. Sin embargo, la autopsia revelaría que a la mujer la mataron 36 horas antes de haber encontrado su cuerpo en la habitación de la planta alta, el domingo 27, a las 19 horas. El informe forense precisó que la mujer fue asesinada a las 7 de la mañana y Barzola había admitido ante los investigadores que había estado allí unos minutos después. La certeza de presencia en la escena del crimen no resultó sospechosa. Al menos, hace 18 años.
Según afirmó el parquetista, había comenzado a trabajar en la casa de Nora el martes 21 de noviembre. Su último ingreso había sido el viernes 24. Al mediodía, se retiró junto a su patrón para continuar otras tareas en un domicilio del Country San Esteban. Barzola aseguró que habían acordado con González encontrarse nuevamente a las 08:30 del sábado. En aquella primera declaración, el obrero recordó que “llovía mucho” y aunque tocó el timbre dos veces, nadie atendió. Decidió quitar el pasador de la puerta de rejas y se dirigió hasta el acceso principal. Golpeó el portal dos veces y ante la falta de respuestas, esperó unos 10 minutos y se fue. Al abandonar el barrio Golf en su moto, completamente mojado, optó por “pasar por la casa de González”. Su jefe le informó que aquella mañana todo quedaba suspendido y regresó a su hogar. Tras un breve cuestionario, el fiscal le preguntó si tenía “algo más que agregar, quitar o enmendar a su declaración” y Bárzola le respondió que era todo lo que tenía “por declarar”.
El 9 de febrero del 2007, Barzola brindó algunas otras precisiones. Frente al secretario de la fiscalía, habló de horarios de trabajo y los avances en el trabajo que habían acordado para el pulido y laqueado de los pisos, y la colocación de los zócalos. En aquella segunda declaración hizo referencia a “la única que vez” que tuvo contacto verbal “con la señora”. Fue el viernes 24, el día anterior al asesinato. Nora le reclamó que había “mucho polvillo que se había desparramado en la cocina por la máquina pulidora”. En otro tramo de su declaración, Bárzola admitió que sabía que la mujer no estaba acompañada por su marido en aquellos días. El obrero confirmó que “tenía conocimiento” que Macarrón “estaba de viaje o trabajando” porque “se la veía a la señora sola”.
El parquetista declaró unas seis veces ante los diferentes fiscales que actuaron en la causa y siempre lo hizo como testigo. Su último testimonio fue en el 2022, durante el juicio al viudo. Al finalizar su participación en la audiencia, Barzola respondió las preguntas de los periodistas que lo aguardaban en el edificio tribunalicio y recordó que había trabajado durante “tres días” en la casa de Nora. “A ella la vi una sola vez, yo no tenía contacto con nadie”, afirmó. Con el barbijo colocado por las condiciones que imponía la pandemia de Covid, Bárzola admitió que enfrentó un allanamiento “en busca de un teléfono” y que había estado tranquilo “porque sabía que no había hecho nada”. Cuando le consultaron sobre su arribo a la vivienda la mañana del sábado, se río al señalar que se quería “porque lo que menos que quería hacer era ir a trabajar”. Bárzola volvió a completar la tarea pendiente unos días después del homicidio y consideró que aquel regreso fue “algo normal”.
Tras la detención de Gastón Zárate en febrero de 2007 y la movilización popular del perejilazo, para la fiscalía de Javier Di Santo y la estructura judicial cordobesa la posibilidad de buscar entre los trabajadores al asesino de Nora, pareció sentenciada. Ese mismo año, Macarrón y sus hijos pidieron que se obtuviera el ADN de Bárzola y se cotejara su coartada, pero la solicitud fue denegada. El viudo había contratado a la empresa IFPC International, liderada por el ex agente del FBI Stephen Paul Walker, para que analizara las pruebas del expediente. El experto norteamericano pidió profundizar la pista sobre el parquetista, tras considerar que tuvo “la oportunidad, motivo y capacidad” para cometer el crimen. Walker apuntó a “contradicciones en su declaración como testigo” y sobre todo, a su presencia en la escena del crimen, contemporánea al horario en el que asesinaron a la víctima. “Las cuatro pileta. Por suerte no viene nadie a labvar. Estoy sola”, le escribió en un mensaje Nora a su marido el viernes 24. Ella no esperaba que el fin de semana fueran obreros a concluir tareas pendientes. ¿Estaba acordado que fueran González y Bárzola la mañana del sábado?
Con la causa prescripta, el fiscal Pablo Jávega inició una nueva investigación del homicidio. Por el caso ya habían pasado otros seis fiscales y se conformaron equipos especiales de investigación que terminaron con agentes denunciados por dádivas y condenados por causas de narcotráfico. En 15 años fueron implicados el pintor Gastón Zárate y el hijo de la víctima, Facundo Macarón. En un tiempo insólito de la causa, ambos estuvieron acusados al mismo tiempo como autores del crimen, pero en circunstancias diferentes. Al viudo lo sindicaron como el asesino de Nora y por mandar sicarios a matarla. Por esa última imputación lo llevaron a juicio en un proceso que estaba sentenciado de antemano. Parecía un relato novelado, sin ninguna certeza que pudiera derivar en una eventual condena. Si algo podía complicar al viudo era su ADN, pero la Justicia ya había optado por desacreditar su peso probatorio debido al viaje del imputado a un torneo de golf en Punta del Este.
Jávega ordenó nuevos exámenes de ADN y decidió incorporar a personas que no habían sido incluidas en anteriores cotejos. El estudio reveló presencia de genética de Roberto Bárzola en ocho muestras encontradas en el cinto de la bata con el que asesinaron a Nora Dalmasso, y en un vello en la zona pélvica de la víctima. El material probatorio hubiera significado un vuelco definitivo en la causa, pero llegó tarde. Hasta ahora, la fiscalía no ha encontrado un solo antecedente penal de Bárzola que logre interrumpir la prescripción. El acusado de haber abusado y asesinado a Nora está libre. La imputación es solo para garantizar su intervención en las pericias y actuaciones judiciales. La defensa ya solicitó ante el juez de Control que se determine el fin de la persecución penal y salvo un milagro judicial, el fallo será irremediable. Si Bárzola es culpable, continuará su vida como un asesino suelto. Si en cambio, es inocente, cargará el resto de sus años con la sospecha de no serlo. Su nombre quedará expuesto frente al irremediable juicio social. Un capítulo más, y quizás definitivo, de una Justicia que pudo haber encontrado finalmente al homicida, pero no tendría más remedio que dejarlo ir.
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