El cambio de época y la falta de Wifi

Por Pablo Callejón

Cuando Martín Llaryora subió al escenario del Hotel Quorun para adjudicarse la victoria, Luis Juez ya había planteado las sospechas sobre el resultado de las elecciones, con una especial y previsible referencia al 2007. Aquella noche, hace 16 años, los cordobeses se fueron a dormir con Juez liderando la elección y tras un apagón en el escrutinio, amanecieron con Juan Schiaretti como vencedor por apenas un punto. Esta vez, la falta de conectividad en las escuelas y la lenta transferencia y carga de datos obstaculizó la logística prometida. Sin embargo, aunque la diferencia de casi 3 puntos a favor de Llaryora estuvo lejos de lo que pronosticaban las encuestas, los datos revelaron poco después de las 22 una tendencia que parecía irreversible.  El candidato de Juntos por el Cambio se negó a reconocer la derrota y apuntó contra la calidad institucional de la Provincia. La inteligencia artificial prometida como un instrumento innovador se diluyó en un punto básico: no se podían  enviar los datos por falta de Wifi. Un bochornoso desenlace para un festejo oficialista que tuvo el sabor amargo de la duda.

En el acto durante la madrugada, Llaryora solo estuvo acompañado por su vice, Miryam Prunotto, y la fórmula para la intendencia de la capital, integrada por Daniel Passerini y Javier Pretto. Nadie más. Ni un solo dirigente, ni una sola simbología del schiarettismo. El gobernador no habló durante toda la jornada ni formó parte de la única foto que intentó resguardar el triunfo que mostraba el lento escrutinio. Una imagen que hubiera resultado muy valiosa para sus expectativas nacionales. Tampoco apareció en los festejos el intendente de Río Cuarto y legislador electo, Juan Manuel Llamosas. La derrota en la ciudad y el departamento provocó múltiples pases de factura. En la casa del Justicialismo los gestos adustos al concluir la votación parecieron expresar las internas que la derrota visibilizó aún más. El empate técnico en Banda Norte y la holgada diferencia del peronismo en Alberdi no pudieron disimular la abultada ventaja a favor de Juntos por el Cambio en el Centro, que resultó determinante para la victoria de la alianza liderada por Juez en la ciudad.  Mauricio Dova dijo que “no se logró municipalizar la elección”, Franco Miranda reconoció “errores graves”, Guillermo Natali prefirió enfocarse “en la gran elección en Córdoba capital”, Samanta David se refirió a “los enojos con los oficialismos” y Luís Sánchez reclamó “hacer una fuerte evaluación para lo que viene”.  Poco después de las 22, la incertidumbre de los resultados provinciales dispuso que la sede de Avenida España se fuera vaciando sin ningún margen para la celebración.

El radicalismo apuntó sus dardos contra Llamosas, aunque sus dirigentes evitaron relacionar la elección de ayer con lo que puede suceder con la disputa por el municipio. “Los riocuartenses son muy inteligentes y saben diferenciar cada elección”, admitió Gonzalo Luján.  Sin embargo, Lucas Castro y Gonzalo Parodi recordaron que “el intendente decía que no competía con nadie y parece que finalmente perdió contra nadie”.

El desconocimiento ciudadano sobre los candidatos a legislador se profundizó en los últimos años con la imposición, como en una escribanía, de las mayorías parlamentarias.  Los candidatos a legislador departamental y quienes integraban las listas sábanas, no tuvieron un rol protagónico en la campaña. La única salvedad fue Llamosas, intendente de la capital alterna y un nombre que hasta último momento estuvo sobre la mesa para definir la fórmula oficialista. La lista de Juntos por el Cambio fue liderada por Oscar Agost Carreño, un dirigente del PRO casi desconocido en la política provincial. El resultado evidenció que la mirada ciudadana se enfocó en los candidatos a gobernador . La contundente victoria oficialista en Córdoba capital evitó que los festejos durante la madrugada se hubieran trasladado al Quality.

La nueva conformación de la Unicameral, en la que se pone en debate la mayoría para el oficialismo, podría devolverle relevancia al rol legislativo a partir de una disputa más equitativa de fuerzas.

El 68 por ciento del porcentaje de votantes – el más bajo desde 1983-, y el impacto del voto en blanco, que alcanzó el tercer lugar en el escrutinio parcial, reflejó el creciente malestar social contra la dirigencia política. También se ratificó un estado de polarización en Córdoba que devino en la peor performance histórica del kirchnerismo en la Provincia. La imposición de operadores sin voto propio, que solo pueden ostentar una representación en las oficinas de Capital Federal, provocó un previsible fracaso. El gobierno nacional derivó miles de millones de pesos para obras en Córdoba y tiene a su cargo el ANSES y el PAMI, las dos principales instituciones asistenciales del país. Pero, no hubo un solo funcionario capaz de capitalizar esos beneficios. Los intendentes que representaron al Frente de Todos se fueron alejados por no haber sido escuchados, o quizás, para evitar ser arrastrados por la debacle.

“Empieza una nueva era, somos una nueva generación. Tenemos otra manera de hacer política, entendemos claramente que el signo de este tiempo no es el grito ni el odio”, expresó Llaryora en un discurso que pareció dirigido al centro del schiarettismo. La supervivencia en el poder implica, para quien sería gobernador electo, la superación definitiva del cordobesismo. Cuando el triunfo se confirme será, fundamentalmente, por la gestión en Córdoba. Y eso quedó evidenciado entre quienes compartieron la foto del triunfo. “Hay una generación que se va”, sostuvo Llaryora ante los periodistas que aguardaron durante horas el desenlace de una jornada interminable. La búsqueda de un definitivo cambio de época