Los dueños del dinero
Por Pablo Callejón
Solo ocho diputados votaron en contra de una nueva ley que intenta ampliar derechos y la cobertura asistencial de personas con HIV. Uno de ellos, fue Javier Milei. El líder de los libertarios compartió un twitter de la legisladora Victoria Villlarruel, quien afirmó que la actualización de una norma que hablaba de Sida y había sido creada en la década del 90, solo “crea discriminación positiva y beneficios que rompen con la igualdad”. Villarruel y Milei coincidieron en que los pacientes con VIH pasarán a “obtener beneficios que no gozan los demás ciudadanos”. En los palcos del Congreso, sobrevivientes de los incumplimientos del Estado y las obras sociales celebraban haber sido escuchados después de más de 30 años.
José Luis Espert, aliado ideológico de Milei, fue un poco más allá. Sostuvo que el Estado “obliga a prepagas a prestar servicios gratuitos y crea observatorios con más burocracia y privilegios”. El concepto incluye una contradicción en sí misma: si el servicio es pre pago, no es gratuito. El puñado de votos en contra no estuvo vaciado de coherencia. Los legisladores defendieron la única libertad que sacralizan, la del mercado.
La presencia perseverante de Milei y Espert en los programas de televisión y las columnas de opinión de los medios en manos de grupos económicos, maquilló a los referentes de la derecha más radicalizada como voceros del fastidio social. El diario La Nación lo calificó como “el hombre del momento” y lo describió como un “un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, que espeja el enojo y el pesimismo de gran parte de la sociedad argentina”. Unos y otros adjudican únicamente a la política, y en particular al Estado, la debacle social y económica que enfrenta el país. Al mismo tiempo, reivindican a los gobiernos de Carlos Menem y Mauricio Macri como procesos que quedaron inconclusos por la irrupción de mandatos populistas. Devuelven a escena a Domingo Cavallo, a quien le borraron de un plumazo su pasado de corralitos, recesión y muertos en la plaza. La pobreza al final del gobierno de Menem llegó al 40 por ciento y se elevó al 66 por ciento con el estallido social que derivó en la salida del poder del ex ministro Cavallo y el ex presidente Fernando De la Rúa. Macri, recibió un país con un 30 por ciento de pobres y lo dejó con un 35,5 por ciento de argentinos imposibilitados de cubrir sus necesidades básicas. Nada de eso importa en la construcción de un candidato impulsado desde los cimientos de la mediatización.
Milei prometió que aplastaría a Larreta “aún en sillas de ruedas”, calificó de “pelele” al ministro Guzmán y aseguró que Carrió “nunca laburó y tiene el cuil invicto”. El hombre que fija la mirada como Malcolm McDowell en La Naranja Mecánica, descalifica a quienes no forman parte del ideario que defienden las tapas de los diarios hegemónicos y los anfitriones de lujosas reuniones en el hotel Llao Llao. Los grupos económicos simulados en medios de comunicación lo necesitan como canalizador del odio. Sin repreguntas ni cuestionamientos le abren las puertas a un discurso que promete patear el tablero, custodiando las fichas del mercado.
Cavallo, a quien Milei considera “el mejor ministro de Economía de la historia”, sostuvo que el dirigente libertario más que un líder, es un síntoma. El padre de la convertibilidad parece arropar al agorero de la dolarización, una aventura que despierta pasiones entre los nostálgicos de la pizza y el champagne.
Los encuestadores aseguran que “la bestia” que vaticina un “rugido en medio de la avenida” lanza mordiscos entre los votantes del PRO, aunque también encuentra adhesiones en sectores vulnerables decepcionados con el Frente de Todos. Milei aspira a conducir un Estado que detesta para reducirlo al mínimo. No hay preguntas en las mesas iluminadas de los estudios de televisión sobre el impacto que tendrían entre los pobres y marginados la reducción de las partidas en Educación y Salud, a la espera del goteo por el derrame del mercado.
El referente libertario admira también la mano dura de Margarte Thatcher y sobre todo, sus críticas al socialismo. Se muestra como un anti sistema, aunque su discurso defienda a quienes manejan los hilos económicos que lo rigen. “Si soy presidente, el precio de los antidiarreicos subirá porque todos los políticos van a estar cagados”, amenazó rodeado de guardaespaldas armados y protegido por un chaleco antibalas.
Como Marine Le Pen, Milei parece alcanzar una mayor aceptación en jóvenes desencantados con los partidos políticos tradicionales. No los convoca a un mundo mejor, aunque aspira a personificar su enojo. Lo que parece una disrupción del sistema es en realidad una ratificación del status quo. ¿Qué podría surgir del desmantelamiento del Estado y la defensa de los modelos económicos y financieros de facto? Milei imagina un Deja Vu de las políticas de Cavallo, aquellas vacaciones doradas del peso equivalente a un dólar que derivaron en la confiscación de ahorros, un desempleo del 17 por ciento y el estallido social con cinco presidentes en una semana.
El personaje excéntrico que divierte a complacientes moderadores en la pantalla, señala que las universidades solo son espacios de adoctrinamiento y asegura que la educación no es un derecho “porque alguien lo tiene que pagar, no es gratis”. Convencido de que “la recaudación de impuestos es peor que el robo”, imagina una sociedad donde puedan estudiar quienes tengan el dinero para hacerlo. Milei califica a los beneficios sociales como “antisociales” porque “llevan a la gente a depender del Estado” y se define como un anarcocapitalista. “El Estado es el máximo enemigo, es el máximo agresor y que todas sus intervenciones hacen daños”, afirmó ante la CNN el hombre de pelo alborotado que solo quiere ser presidente para reducir la estructura estatal al fin represivo de “la seguridad y la Justicia”. Con tono mesiánico, Milei promete una libertad sin regulaciones ni impuestos, donde puedan subsistir las normas mercantiles. “El Estado debe estar para cuidar la propiedad”, advirtió el vocero que buscará ser garante de la única casta que no le molesta, la de los dueños del dinero.
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