Los cuervos en Napalpí
Por Pablo Callejón
Melitona tenía 23 años cuando debió esconderse en el monte chaqueño, sin comida ni agua. La mujer que se convertiría en testigo clave de la masacre recordó que “los cuervos estuvieron una semana sin volar porque seguían comiendo los cadáveres” El 19 de julio de 1924, fuerzas estatales y empleados de la oligarquía habían asesinado a los habitantes de las etnias Qom y Mogi. La mujer que vivió hasta los 107 años y grabó un video para testimoniar en el juicio lo que había ocurrido, pudo saber con el tiempo que habían asesinado a 500 de los suyos.
Para visibilizar a las víctimas, un avión volaba bajito y lanzaba caramelos desde el aire hacia el monte. Cuando los indígenas corrían en busca de las golosinas, comenzaban a dispararles con una ametralladora. El brutal acto de racismo tiene a sus responsables muertos. Nunca fueron juzgados. Policías, terratenientes y políticos gozaron de la impunidad que otorgó el peor real de la provincia.
Una sobreviviente grabó un audio que se escuchó en el inicio del juicio que busca determinar la verdad judicial de la masacre en Napalpí.Los crímenes fueron ordenados ante la negativa de los pobladores nativos de trabajar en las plantaciones de algodón, con una reducción en los salarios que se pagaban con ropa y vales de comida. Cuando el avión abandonó los cielos del monte, comenzó la persecución de los sobrevivientes que buscaban ocultarse con sus familias. El objetivo de la matanza era vedar de testigos a la historia.
Fue el historiador Qom, Juan Chico, quien comenzó a urgar en los silencios del pasado. Creó una fundación, recorrió el monte y logró hallar a cinco sobrevivientes. “Tengo 105 años, no me acuerdo que año era, yo tenía 12 años o 10. Había muchos ricos nuevos que estaban cortando el bosque. Y a los mocovíes los mataban. Y ahí les disparaban. Llegaron mocovíes a trabajar y ahí los mataron, les mandaron los policías”, afirmó Valquinta en un vídeo grabado en 2012. Juan murió por Covid en medio de la pandemia, pero su minuciosa investigación logró documentar y visibilizar lo ocurrido en Napalpí y resultará fundamental en el juicio que devolverá el derecho a la verdad.
En el lugar de la masacre, que fue renombrado Colonia Aborigen, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAS), intentó hallar una fosa común. No pudo lograrlo pero encontró los restos de un hombre de 40 años con una herida en el pie. Sería una de las víctimas que intentó huir de la demencial descarga de balas que llegaban desde el aire. Parte de las pruebas que sobrevivieron a la ambición carroñera de los cuervos oligarcas y su ostentación del poder absoluto.
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