El vacunatorio nos hizo mejores

Por Pablo Callejón

Don Héctor Zeballos fue el primero en llegar. Los 70 pirulos a cuestas no pudieron calmar su ansiedad. Aquel 26 de febrero se había levantado muy temprano, aunque la primera jornada de vacunación comenzaría después del mediodía. Con su mujer decidieron almorzar antes de lo habitual, algo livianito, por las dudas. Quería vacunarse para poder viajar. Desde hacía un año y medio que no podía ver a sus hijos. Ambos son médicos y le habían recomendado esperar hasta alcanzar la inmunización. Héctor quería un escudo frente al virus, como los soldados romanos del siglo XVI. Los Scutum (así denominados en latín) no protegían a un guerrero, sino a todos. Eran una coraza colectiva en la que cada integrante de aquel ejército ocupaba un rol en un esquema simétrico que permitía un amplio despliegue defensivo. Uno a la par de otro, levantaban el escudo para evitar la agresión enemiga. Se trataba de una formación en Testudo, que permitía conformar un blindaje como en el caparazón de una tortuga. Aunque los músculos dolían más que antes, don Héctor salió a correr como siempre. Una lesión lo había alejado de las competencias de maratón poco antes del arribo de la pandemia. La pasión por las exigencias físicas había comenzado con el fútbol. Fue compañero del Payo Aimar en algunos equipos que ilustraron inolvidables páginas deportivas. Cansado de correr detrás de una pelota, optó por solo correr. La primera vez que compitió fue tercero. Héctor no pudo ocultar el fastidio. Como siempre en su vida, quería ganar. Aprendió a respirar mejor y superar los promedios. Los años le sumaron el desafío de una atrofia muscular y síntomas incipientes de Parkinson. Cuando las piernas no responden, él prefiere cantar. Su profesor le pide que no exija tanto la voz. Parece un objetivo difícil para quien solo aspira al primer lugar del podio.
Cuando ingresó al vacunatorio en el Polideportivo había música de tango y alguien cantaba un tema de Gardel. Don Héctor hubiera querido sumarse. En apenas 15 minutos había sido protagonista de un desafío histórico. Le pidieron que aguardara unos minutos y luego volvió a casa. Esa noche cantó junto a su compañera de vida. Había sido el primero y lo seguirían miles.

La semana próxima Río Cuarto alcanzará los 100 mil vacunados con primeras dosis. En pocas semanas todo cambió. Los puestos de inoculación se duplicaron y fue necesario más personal. Éramos felices porque se vacunaban nuestros viejos y llegó el turno de los amigos mayores de 60. El vértigo en el arribo de partidas incorporó a otros grupos etarios. Convocaron a jóvenes con comorbilidades y hasta debieron salir a buscar casa por casa a los que aún no se habían inscripto. El Estado liberó cupos y los mayores de 18 vieron su oportunidad. Hoy reciben las dosis los hijos y nietos de los primeros vacunados. En poco más de 90 días, se desplegó el mayor operativo en la historia de la salud pública. Nunca antes se pensó en vacunar a toda la población en el menor tiempo posible. Quizás en pocos días abran la inscripción para niños, niñas y adolescentes. El arribo de más de 3 millones de unidades del laboratorio Moderna podría dar el impulso definitivo. El envión en la producción y el arribo de los inoculantes ha cambiado el eje de preocupación: en lugar de vacunas, lo que falta es sumar a quienes aún no se registraron. Por convicción histórica, los argentinos tienen un vínculo entrañable con la Sabín, la BCG o la triple viral. La miserabilidad de quienes cuestionaron los laboratorios por su origen o defendieron privilegios de clase, perdió influencia por la marea de adhesiones que impulsaron un cambio conceptual. Las fotografías de vacunados y vacunadas plenos de felicidad que inundaron las redes sociales redujeron los mensajes cargados de prejuicios a un segmento residual del periodismo y la política.

Elena se emocionó por la imagen de sus alumnas universitarias recién vacunadas. Las tres jóvenes mostraron sus carnets frente a un cartel inmenso que se convirtió en el fondo de pantalla de miles de imágenes. Las cuentas de Instagram y Facebook multiplicaron fotografías similares.
Esteban estuvo internado por Covid y tuvo miedo de no poder salir. En la mañana del miércoles sostuvo el celular que tomó la fotografía de su hijo de 24 años recién vacunado. En la misma jornada, casi dos mil personas menores de 30 años fueron inoculadas. En los días en que debió respirar a través de un mecanismo artificial, Esteban nunca imaginó que la vacunación llegaría tan rápido. Antes de volver a casa, su hijo le alcanzó el celular a un testigo casual. Ambos sonrieron para la última foto.

23.465 riocuartenses ya recibieron el segundo componente de inmunización. Las primeras dosis tienen altos niveles de efectividad, aunque el objetivo de las políticas sanitarias es que todos y todas completen el esquema previsto por los laboratorios. La Argentina superó las 36 millones de unidades recibidas y llegarán más. El país ya produce los medicamentos por antígenos aportados por el Instituto Gamaleya y los científicos de Astra Zéneca. El impulso alienta un contexto esperanzador en los próximos meses. La vacunación no implica el final de la pandemia, aunque representa el principio para una solución definitiva.

“Tengo las dos vacunas y quiero decirles a todos que no tengan miedo, vacunarse es vida”. Don Héctor venció las dificultades del Parkinson y logró estabilizar el celular con el que grabó un video de 23 segundos. El tiempo suficiente para sumarse a la campaña que aspira a inscribir a cada una de las personas. Una semana después de lamentar la muerte de 100 mil argentinos, la ciudad alcanzará una cifra similar de vacunados. No habrá homenaje mejor a las víctimas que la reivindicación de la vida. Debemos reconstruirnos desde una mirada más solidaria, todos en una misma fila, sin privilegios de clase, priorizando a los que están más vulnerables. Y eso fue lo que sucedió en el vacunatorio. Si alguna vez pensamos si saldríamos más justos de la pandemia, en ese lugar encontramos la respuesta. Lo que sucede en el Polideportivo nos hizo mucho mejores. La vacuna es vida.
#lavacunaesvida

Foto: Camila Petenatti