Unidos o radicales
Por Pablo Callejón
Tras los festejos por una victoria menos holgada que la imaginada en marzo, cuando el peronismo apostaba por una diferencia aplastante sobre el radicalismo, llegó finalmente el desahogo en el Palacio de Mójica. Los meses de pandemia comenzaron a darle aire a la oposición y Juan Manuel Llamosas decidió consolidar un frente donde no hubiese margen para la fuga de votos aliados. Para evitar el rótulo de “socio kirchnerista” en una ciudad donde el macrismo supo cosechar una marea de votos, Llamosas resolvió municipalizar al máximo la elección y evitó gestos de campaña que llegaran desde Buenos Aires. Solo el gobernador Juan Schiaretti apareció con un spot a pocas horas de la veda. Previo al domingo de urnas, los y las riocuartenses vivían en las calles un clima de relajación y hartazgo por los meses de cuarentena y aislamiento que marcaron el desinterés por el proceso electoral de casi 8 meses. La baja participación fue previsible. El oficialismo buscó no alterar demasiado ese vacío de expectativas y apostó por una insípida y breve campaña, que se redujo a una batería de actos de inauguración con funcionarios del área y el arribo del vicegobernador Manuel Calvo. Sin dormir demasiado la noche de la victoria, Llamosas cumplió con algunas entrevistas periodísticas y viajó hacia Córdoba, donde lo esperaba Schiaretti. El mandatario cordobés se cuidó de no aparecer en el acto de celebración entre el PJ cordobés y el nacional, pero nada hubiese ocurrido sin el acuerdo del mandamás provincial. Horas después, el intendente ingresaba a Casa Rosada para encontrarse con el presidente Alberto Fernández y cerrar una gira donde fue a buscar algo más que la foto. Llamosas comenzó también a cerrar la base política que acompañará sus próximos cuatro años de gestión y cumplir con los acuerdos que definirán un nuevo organigrama de gobierno.Por primera vez un intendente justicialista alcanzó la reelección en una ciudad tradicionalmente adversa para el PJ en todas sus variantes, incluso con liderazgos fuertes como los de Antonio Candini y Humberto Roggero. Llamosas decidió seguir las bases que impuso el ex gobernador José Manuel De la Sota. El histórico dirigente había resuelto en los últimos años desnudar al peronismo de su típica vestimenta de barrio y choripán. Modernizó las estrategias de campaña con actos cuidados, de pantallas gigantes, colores glamorosos y un público de referentes sentados por delante del pueblo relegado a las tribunas. El nuevo perfil de candidatos los sintetizó a sus nombres de pila, vestidos con prolijas camisas y sin dar lugar a declaraciones polémicas que inviten a la oposición a subirse al escenario. Sin embargo, el resultado pareció devolver la lógica al espacio de la política. “La victoria se explica por una sola razón: el peronismo resolvió unirse en las diferencias y el radicalismo llegó dividido” afirmó un referente peronista que advierte sobre el rasgo histórico de la elección. A pesar de los intentos por seducir a los sectores de poder fáctico industrial, comercial y, sobre todo, del campo, el análisis más detallado reveló que el voto conservador siguió en manos del radicalismo. En la vecinal San Pablo, donde emitieron sus sufragios los vecinos y vecinas del barrio Golf y San Esteban, la diferencia a favor de Juntos por Río Cuarto fue del 29,23 por ciento. También el centro fortaleció el voto para Gabriel Abrile. El peronismo perdió por 22 puntos en la escuela San Buenaventura, por el 20 por ciento en el Cristo Rey y 19 puntos en el Dichiara, el Manuel Belgrano y el Fray Mamerto Esquiú. Las diferencias comenzaban a acortarse en el macrocentro, con un 7,5 en Las Pías y un 5 por ciento en la escuela Velez Sársfield. Fueron el voto tradicionalmente peronista de Alberdi y el electorado de Banda Norte los que consolidaron la victoria de Llamosas. En la escuela Mariano Moreno, el oficialismo logró una diferencia del 47 por ciento y superó los 32 puntos en los centros educativos San Martín, Sócrates Anaya y María Eva Duarte. Los sectores más populares de “la Banda”, como la Adolfo Alsina, le otorgaron una victoria del 19,4 por ciento al actual intendente. En Banda Norte, Llamosas superó a Abrile por 13 puntos. Los 26.683 votos le permitieron al oficialismo obtener un 41 por ciento y consolidar una ventaja de casi 6 puntos sobre Juntos por Río Cuarto. Las dos principales fuerzas perdieron votos en relación a la última elección, en la que el PJ recuperó el poder con una ventaja abrumadora. La fragmentación del radicalismo que derivó en una transferencia de 3.200 votos para Eduardo Scoppa provocó un rápido pase de facturas. Desde la conducción partidaria anticiparon que sancionarán a Diego Bricca por haber formado parte de la lista de Es Río Cuarto. Es una señal interna sin ningún impacto social. El microclima inevitable de la rosca que desestima la percepción popular, incluso del tradicional “correligionario”. El candidato opositor decidió recostarse en el acuerdo con el macrismo más por necesidad que por convicción. La estrategia derivó en una fuerte utilización de las redes sociales y un discurso que naturalizó los valores de Cambiemos. Abrile intentó quitarse el saco de político, recuperó el concepto de la mano dura en la seguridad y protagonizó spots con gestos enérgicos, similares a las expresiones de Mauricio Macri en las últimas presidenciales. Sin estructura propia, el postulante opositor dejó evidenciar la falta de acompañamiento de los dos ex intendentes Antonio Rins y Juan Jure. El ex secretario de Salud buscó en vano desprenderse de su pasado en el gobierno jurista y la estrategia derivo en un discreto segundo plano para los principales referentes de la 30 de Octubre. En el último tramo, el arquitecto Gonzalo Losada y el ex titular del PAMI, Gonzalo Luján, fueron las referencias elegidas para defender el discurso opositor. Jure admitió en declaraciones a Así son las cosas en la radio, que hubiera preferido que Abrile le adjudicará la incapacidad para tapar baches pero defendiera otros logros de aquel gobierno. El postulante de Juntos por Río Cuarto optó por un particular atajo: ningunear su paso por aquella gestión y mostrarse como una supuesta renovación en la política. La fragmentación que hoy pasa las tradicionales facturas reveló que la recuperación del partido que había dominado a placer las elecciones desde el regreso a la Democracia necesitará de liderazgos diferentes. Luján advirtió que “con los mismos nombres los resultados serán los mismos” y se posicionó como un dirigente clave para los tiempos de reconstrucción. Los casi 8 mil votos de Pablo Carrizo, con más del 12 por ciento de preferencia del electorado, fueron la gran disrupción electoral. El enorme resultado de Política Abierta confirmó que la figura del concejal electo está muy por encima de las estructuras partidarias que lidera. La salida de Respeto lo fortaleció y el juicio que deberá enfrentar por violencia de género no logró mellar en la preferencia de sus votantes. Carrizo insistió con una propuesta disruptiva, la campaña pintando edificios o arreglando espacios verdes y las promesas de una baja salarial para la dirigencia política que enamora a un sector de la sociedad desencantada con los partidos tradicionales. Como nunca antes desde 1983, una tercera opción se consolida fuertemente como alternativa y no es a través de una estructura orgánica, sino por la fuerza de un dirigente carismático que apeló a las redes sociales como su principal argumento para la llegada a un público masivo. A diferencia de proceso anterior, Carrizo ya imagina una candidatura para legislador provincial y el fortalecimiento de un espacio donde ya nadie se atreva a cuestionar su personalismo. Llamosas ultima el gabinete donde seguirán los históricos y sostendrá el respaldo a su vínculo más estrecho, incluso con Mauricio Dova, quien le provocó una fuerte caída de votos en el Tribunal de Cuentas. El intendente buscar reorganizar el plantel sin provocar salidas que expongan a quienes lo acompañaron durante los últimos 4 años. Se prevé que haya una secretaría de la Mujer y la jefatura de Gabinete le otorgue un perfil moderno al próximo mandato. El principal objetivo es consolidar la foto del festejo, que el propio intendente consideró la transformación del “Hacemos por Córdoba al Hacemos por Argentina”. Los diputados schiaretistas parecieron ratificar el nuevo rumbo con la aprobación del aporte a las grandes fortunas y la quita de coparticipación a Rodríguez Larreta, pero la verdadera señal llegará en un eventual acuerdo para las legislativas del próximo año. En cualquier caso, Schiaretti no podrá ser reelecto y en el peronismo cordobés analizan la última elección pensando en la próxima. Las urnas revelaron que un Justicialismo sin grietas es un hueso duro de roer, aún en la cuna de Cambiemos. Con sus propias virtudes y defectos, el más radical de todos los peronistas busca articular ahora las bases que De la Sota supo gestar en 1999 y derivaron en más de 20 años de poder en el Centro Cívico. Pero, la historia nunca se escribe con la misma tinta. Al menos por ahora, Llamosas podrá jactarse de ser el único intendente justicialista en alcanzar la reelección.
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