El fuego y la vivienda digna
Por: Carina Ambrogi
El artículo 25.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “toda persona tiene derecho a un a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”. La “vivienda digna”, esa que no solo consta de paredes y baño a donde cobijarse, sino también un lugar con seguridad, paz y dignidad, es el en texto más que en la tierra.
Durante 31 años Soledad vivió sin ese derecho humano, habitó una piecita que compartió primero con su pareja, y después con sus 5 hijxs. Todxs dentro de cuatro paredes en una superficie de no más de 4 x 4, con el techo partido. Gracias al IFE y a la Asignación Universal, Soledad y su compañero pudieron construir al lado de la piecita una casa de dos habitaciones, un baño y una cocina comedor. Hacía dos meses que se habían mudo a la nueva casa, cuando el fuego le destruyó el sueño. Salió hasta el comedor comunitario a buscar la ración de alimento para la familia y cuando llegó se encontró con la casa en llamas: se quemó todo.
Ninguno de sushijxs estaba adentro, su compañero tampoco, sólo perdieron cosas materiales, y el esfuerzo de haber alcanzado ese derecho que por más que humanos nadie les había garantizado. Esta mañana fui hasta su casa y me atendió con las manos llenas de pintura blanca, estaba blanqueando todo de nuevo, y la cantidad de donaciones que le llegaron desde toda la ciudad le devolvieron lo quemado, y le sobra para repartir a lxsvecinxs. Una de sus hijas de aproximadamente 7 años cargaba a su hermanita más pequeña, de 6 meses. De muy buen humor la pequeña me sacó charla, y me dio tranquilidad verlas, con esa integridad de valientes.
El fuego que quemó la casa de Soledad iluminó la falta de acceso a ese derecho humano esencial, que es la norma en el barrio Oncativo, a donde viven. También iluminó cuantosobra en otros barrios, desde donde solidariamente en dos días trajeron hasta esta casa un montón de ropa, muebles, colchones y cuanta cosa necesitaron. “Uno de los colchones que sobró se lo dimos a un vecino que está durmiendo en el piso”, me dijo una vecina.
El Barrio Oncativo, a donde habitan más de 300 familias, tiene en su mayoría construcciones precarias, con materiales de rejunte y familias en situación de hacinamiento. Mónica, una referente barrial, me contó que en el último tiempo el IFE permitió que muchas personas pudieran construir: “las mujeres se van a juntar materiales a la escombrera que hay acá abajo, suele haber ladrillos colorados lindos, y ahí van construyendo”, dijo. Los precios de alquiler son inviables para la mayoría, entonces la única alternativa es buscar un terreno a donde construir lo que se pueda.
En una ciudad con mucho dinero, enclavada en una zona altamente productiva, viven la mayoría de estas familias como se puede, sin conocer cómo se siente “una vivienda digna”, ese derecho que deberían tener por haber nacido humanos.
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