Crimen en Villa Gesell: Salirse de la figura estereotipada

Por Luis Schlossberg (Periodista – Entrenador de rugby social)

Por sobre todo debate, hay algo que es claro: el crimen fue algo aberrante, repudiable, horrible. No quiero ni imaginar por lo que está pasando la familia del joven Fernando Sosa, buscando respuestas, exigiendo justicia, y, sobre todo, sufriendo la ausencia de su presencia.

El hecho me toca por dos lados: como jugador de rugby y como hombre de medios. Ante la cobertura que se realizó del asesinato, me puse a investigar un poco y descubrí que la “reincidente” sucesión de hechos en los que rugbiers matan en patota se reduce a 3 hechos en dos décadas. Me costó encontrar otro aparte del de Punta del Este, el de Ferrugem y uno en Monte Hermoso, todo en algo más de 20 años. Seguramente en una investigación más detallada puedan surgir otros. Sin embargo, sólo en los últimos 3 años encontré más de 10 hechos de asesinatos en patota donde el rugby no tenía protagonismo, y tampoco lo tenían otras disciplinas deportivas. Casos como el de Marcos Spedale en Córdoba, David Espíndola en Pilar, Franco Cáceres en Añatuya (Franco, la víctima, jugaba al rugby), Lautaro Piva en Villa María, Silvio Silva en Santiago del Estero o Darío Ávalos en Lomas, sólo por mencionar a algunos.

Lamentablemente, los medios y con ellos la sociedad en su conjunto, se cuelga de la idea del rugby como deporte “violento” para caratular el crimen. Fueron 11 asesinos que circunstancialmente juegan al rugby, no 11 jugadores de rugby asesinos. Fue un asesinato producto de una sociedad machista que le enseña al hombre a defenderse con el uso de la violencia física, a responder a sus angustias con golpes, nada tiene que ver con lo que se enseña en el club.

De hecho, el rugby es quizás una de las disciplinas que más ha avanzado en materia social. Se lo consideró siempre elitista, y aún así ha sido el deporte que más ha crecido en los barrios en los últimos 10 años, con ligas de rugby social, con la inclusión en clubes federados, con la apertura a personas que no responden ni por color de piel, ni por status socioeconómico al estereotipo de rugbier que la mayoría reproduce en sus posteos. Se lo define como machista, y sin embargo, todos los días surgen nuevos equipos de rugby femenino en todo el país y con grandes atletas a nivel mundial que nada tienen que envidiarle al masculino. Se lo tildó de homofóbico, y no sólo que ya hay numerosos equipos de la diversidad sexual, sino que referentes a nivel internacional han manifestado su identidad sexual sin que esto afectara al respeto que se les tiene. Se lo caratula como violento, y a pesar de esto, quienes lo practican en las cárceles son los que presentan los índices más bajos de reincidencia una vez en libertad.

Todo esto sin mencionar cómo ha crecido el deporte con personas con discapacidad, con más de 10 equipos solamente en Argentina; o cómo se lo utiliza en espacios de rehabilitación de personas con consumos problemáticos. Una vez más, el deporte no es el violento ni lo que genera las agresiones, el hombre es el violento. Sólo en Córdoba hay más de 10 mil jugadores fichados en la liga provincial de rugby, a nivel nacional supera ampliamente los 100 mil. No obstante, ante un hecho que involucra a un jugador, se generaliza y estigmatiza al deportista. No ocurre lo mismo cuando lo hacen atletas de otras disciplinas.

Otro argumento que he leído es el del físico y cómo está más preparado que cualquier otra persona. Una falacia más, cualquiera que conozca algo de deporte observaría que en la actualidad el deporte, cualquier rama, se ha profesionalizado al punto de que cuerpos como los de quienes practican vóley, básquet, atletismo, hasta crossfit, son iguales o superiores a los de un rugbier. Del mismo modo, dicen que “atacan en equipo”, como si esa fuera la enseñanza que se brinda en los clubes. Sí, se promueve el trabajo en grupo, pero no para salir a matar a alguien, quien crea que así es, una vez más, opina de gusto, sin saber de qué se trata.

La idea de estas líneas, no es avanzar contra otras disciplinas. El deporte es bueno, la actividad física es fundamental, y hay que tratar de promover valores positivos desde todos los espacios. La UAR (Unión Argentina de Rugby) planteó la necesidad de dictar talleres en los que se trabaje con esta problemática dentro de los clubes. Propuesta que, creo, deberían reproducir otras uniones y que llegue a todos los establecimientos deportivos del país. Porque no se forma a rugbiers o futbolistas o a basquetbolistas, se forma a personas que, entre otras cosas practican deporte.

Por supuesto que es necesario mejorar muchos aspectos del rugby, sería de necio negarlo, pero porque al rugby lo practican personas, personas formadas en un sistema totalmente machista y violento. De todas formas, sería muy interesante que quienes culpan al rugby por lo ocurrido hagan una lectura un poco más profunda, y no se queden con lo fácil que es reproducir lo que les dan las redes, para observar que el problema va más allá del deporte que los 11 asesinos practicaban.