Declaró Salinas en el juicio por el crimen de Claudia Muñóz y ratificó su versión: Este viernes alegatos y veredicto

Tras la sorpresiva revelación que el fiscal de Cámara Julio Rivero planteó en el juicio oral por el crimen de Claudia Muñóz, el abogado defensor Carlos Hairabedian solicitó la presencia en Tribunales de Pedro José Salinas, hermano de la policía Nancy Salinas.
El testigo había asegurado haber observado el día del crimen a un hombre de unos 25 años llegar en bicicleta al local comercial de calle San Martín poco después de las 16, en la franja horaria cercana al momento del homicidio.
Salinas había comentado el hecho a Orlando Albornoz, propietario de un taller mecánico lindero al comercio. La versión fue luego informada al ex jefe de Investigaciones Gustavo Oyarzábal, quien notificó al ayudante fiscal Claudio Garay, aunque nunca investigaron la hipótesis.
Al ser consultado por Rivero, Oyarzábal argumentó que la causa ya estaba en la Cámara del Crimen y que “no estaba en potestad del fiscal”. El dato provocó la sorpresa del Tribunal y las partes en el juicio.
Por la tarde, Salinas se presentó en la audiencia y ratificó la versión ante los jueces y el jurado popular. Luego, se realizó un careo con amigas de Claudia que estaban en el gimnasio frente al comercio aquel 9 de mayo de 2017 y no habían observado ese movimiento. En el procedimiento, el testigo volvió a insistir con el relato.
Salinas es hermano de Nancy, la mujer policía que irá a juicio acusada de encubrimiento de los Vargas Parra en la causa por la desaparición de Nicolás Sabena. La agente era además integrante de la misma División de Investigaciones que lideraba Oyarzábal y, según relató Pedro Salinas, su hermana y el jefe policial habían mantenido una relación.
En medio de un nuevo episodio de confusión en la causa, este viernes se conocerán los alegatos y el veredicto en el juicio contra Sergio Medina.

Segunda audiencia

El ex subcomisario Gustavo Oyarzábal ingresó esposado al auditorio de Tribunales, custodiado por agentes del grupo especial de la Policía. Por unos instantes, se permitió una sonrisa ante un funcionario policial que lo saludó antes de enfrentar al tribunal. Luego, juró decir la verdad ante la jueza Virginia Emma y en medio de una sala expectante, inició un relato de más de 30 minutos sobre su actuación en la causa que no logró despejar las dudas sobre una investigación que la defensa calificó de “pésima”.
Bajo las instrucciones del fiscal Fernando Moine, el ex jefe de Investigaciones fue el principal responsable de la pesquisa que llevó a Sergio Medina al banquillo de los acusados por el crimen de Claudia Muñóz.
Oyarzábal describió una a una las hipótesis que se fueron descartando por falta de pruebas ó por resultar simples rumores, hasta llegar a la pista que derivó en la detención del albañil de Las Albahacas.
Habló de “un crimen pasional” cometido “por una persona conocida”. Recordó que Claudia no activó el botón antipánico y señaló que “nadie aplica 32 puñaladas para robar”
Precisó, además, que todo surgió a partir del testimonio de un vecino que vio a Medina caminar presuroso cinco minutos después de que Claudia hubiese transitado por el mismo lugar. Aquel dato derivó en un llamado de la hermana de la víctima al albañil en el que se habrían advertido contradicciones del imputado. El ex comisario recordó la sospecha por la ausencia de la ficha de cliente del comercio del supuesto homicida y el hallazgo de un registro fílmico endeble obtenido de una agencia de autos a 100 metros de la escena del crimen. Al propio Oyarzábal le costó describir aquellos indicios como parte de un relato irrefutable que condujera a Medina como autor material del homicidio.
El ex jefe policial detenido por supuesta connivencia con el narcotráfico, señaló que fueron intervenidos teléfonos de los familiares de la víctima, del acusado y de su novia, sin hallar elementos sospechosos. También ratificó que no pudieron encontrar antecedentes de violencia que comprometieran a Medina.


Al concluir su exposición inicial, el fiscal Julio Rivero le recordó a Oyarzábal que en octubre del 2018, se presentó ante el ayudante fiscal Claudio Garay con lo que podría haberse convertido en una prueba clave. En un documento oficial, refiere a los dichos de un testigo que vio a un hombre de “unos 25 años” llegar en bicicleta al local en el horario del crimen. El mismo sujeto había estado minutos antes en el comercio, cuando aún Claudia no había abierto las puertas. El testigo era hermano de Nancy Salinas, una agente policial que irá a juicio imputada por encubrir a los Vargas Parra en la causa por la desaparición de Nicolás Sabena.
Ante la pregunta del fiscal, Oyarzábal admitió que no investigó la hipótesis porque la causa había sido elevada a la Cámara. Curiosamente, Salinas trabajaba con el propio Oyarzábal en la misma división de Investigaciones.

Primera audiencia

Comenzó el juicio con jurados populares por el crimen de Claudia Muñóz y en la previa a la primera audiencia, el abogado defensor Carlos Hairabedian lanzó: “Aquí hay dos víctimas, Claudia Muñóz y un acusado inocente”.
Por su parte, Juan Carlos Debia, el viudo de Claudia, confirmó que para la familia “el homicida es Medina”. Debia fue uno de los cinco testigos que brindó su testimonio en la primera jornada.
Medina llegó con gesto adusto al auditorio del nuevo edificio de Tribunales, donde lo aguardaban el jurado técnico compuesto Virginia Emma, Natacha García y Daniel Vaudagna. Además, se hallaban los jurados populares que deberán resolver si el imputado es el autor del violento homicidio.
Entre el público se encontraban familiares de Medina y de la víctima fatal, divididos por una fuerte guardia policial.

Para Yanina Aluen, sobrina de Claudia Muñóz y abogada de la familia, hay tres indicios claves que podrían determinar la culpabilidad de Medina:
* Una vecina ve caminar rápidamente a Medina tras Claudia Muñóz el día que la mataron.
* La comunicación entre Liliana, la hermana de Claudia Muñóz, y Medina, antes de que sea imputado. En la llamada “surgieron contradicciones en los dichos” del albañil de Las Albahacas.
* Una cámara de seguridad de una agencia de automóviles, ubicada a 300 metros, capta a una persona cerca del lugar del asesinato que podría ser Medina.

El temor a la duda insuperable

Por Pablo Callejón

El fiscal Fernando Moine describió que aquel 9 de mayo de 2017, Sergio Medina arribó al local “Mi Sol” en el que Claudia Muñóz acomodaba las prendas para la venta diaria. Fue entre las 16,36 y las 17,10. Unos minutos antes, la comerciante había llegado en su Fiat Uno Blanco tras concluir su habitual rutina en el gimnasio. Medina había caminado en el mismo sentido del vehículo y al ingresar al comercio, le consultó a Claudia sobre una campera que había encargado previamente. El homicida la obligó a trasladarse hacia el probador de ropa donde le asestó treinta y tres puñaladas con un cuchillo monófilo. La herida número 32 afectó la cavidad abdominal, lesionando vasos y bifurcaciones, lo que provocó un shock hipovolémico y la muerte. Antes de huir sin ser advertido, Medina guardó cuidadosamente el cuchillo, retiró su plantilla de cliente y evitó dejar rastros de sangre.

El viudo Juan Carlos Debia supone que Medina estaba obsesionado desde la adolescencia con su mujer. Aquel impulso emocional desbordante lo habría convertido en un asesino. El fiscal Fernando Moine admitió que no pudo hallar los motivos por los que el albañil de 46 años decidió la muerte de Claudia, pero está convencido sobre su responsabilidad. La descripción del hecho se sustentó en la investigación del ex comisario Gustavo Oyarzábal, hoy detenido por vínculos con el narcotráfico. La pesquisa apuntó a “indicios suficientemente serios, concordantes, graves, anteriores, concomitantes, posteriores, próximos y necesarios obtenidos durante la investigación”. La búsqueda de sinónimos y adjetivos para disimular la ausencia de pruebas directas decidirá la suerte del albañil que solo pudo alcanzar el cuarto grado de la primaria y aún vivía con sus padres cuando fue detenido en las tranquilas serranías de Las Albahacas.

El agente Enrique Oscar Rivarola fue el primero en ingresar al local en calle San Martín al 2074. En el cambiador observó a una mujer recostada de decúbito lateral derecho con aparentes lesiones punzocortantes en distintas partes de su cuerpo. Rivarola llamó a la central de Policía y pidió la asistencia médica. El doctor Román Fistori confirmó minutos después el deceso de la víctima. Aunque había muchos rastros de sangre, los análisis genéticos confirmarían meses después que ninguno pertenecía a Medina.
El lugar del crimen está ubicado a metros de la comisaría de Abillene y frente al gimnasio donde Claudia cumplía con su rutina física. Aquel 9 de mayo, la víctima se retiró unos minutos antes de las 16 y acercó a una compañera a su casa. A las 16,36, una amiga del gimnasio la vio llegar al negocio y le avisó que al concluir la clase se cruzaría para abonarle una deuda pendiente. 34 minutos más tarde, la mujer ingresó al comercio con la puerta entreabierta y observó parte del cuerpo de Claudia. Conmocionada, la testigo regresó al local deportivo para pedir que llamaran a una ambulancia y caminó sin respiro hacia la comisaría.

En su indagatoria, Medina recordó que el día del crimen viajó a Río Cuarto para derivar a su padre a una consulta médica. En el automóvil Fiat Palio también viajaban su hermano y su madre. Antes de regresar a Rodeo Viejo para cumplir con su jornada laboral, Juan Carlos prometió buscarlos por la tarde, entre las 18 y 18,30. Medina acompañó a sus padres al Sanatorio Privado y a las 13, abordaron un remis que los trasladó hacia la casa de la tía Antonia. Después de un almuerzo familiar, Medina aseguró que entre las 16 y 16,30 se dirigió al corralón “San Martín”, caminando en zigzag por las calles internas. En el lugar, compró 22 metros de papel Ruberoy, pagó 90 pesos y conservó el ticket. 20 minutos después, cumplió con el mismo recorrido para regresar a la vivienda de su familia. En aquella breve caminata afirmó no haber desviado la mirada hacia el local donde minutos después apuñalarían a Claudia Muñoz.
En casa de Antonia, se desarrollaba una partida de cartas de la que participaban los padres y tíos de Medina. El imputado sostuvo que entre las 17 y las 17,30 decidió caminar hacia la quiniela ubicada al lado del supermercado Átomo, donde realizó una apuesta de 30 pesos al Quini 6. Aquel trámite no lo habría demorado más de 20 minutos. Al volver, la partida se había interrumpido abruptamente por un rumor que corría como reguero de pólvora. Habían hallado el cuerpo de Claudia Muñoz en el vestidor de su comercio. Nadie sabía por qué, pero la habían asesinado.

El albañil confirmó que era cliente del local Mi Sol, aunque el vínculo comercial se había originado mucho antes, en el 2012. Medina le compraba a Claudia las camisas, pantalones y zapatos que usaba para trabajar. En aquel momento, la víctima vendía mercadería a domicilio y comenzaba a gestar una nutrida cartera de clientes.
Quienes la conocieron, afirman que Claudia “era cerrada y no comentaba mucho sobre cuestiones personales”. Sin embargo, un día antes del homicidio, había posteado fotografías en su sitio de Facebook sobre el festejo junto a su marido por 30 años de un feliz matrimonio.
Tras analizar los teléfonos de la víctima, el entonces jefe de Investigaciones Oyarzábal determinó que “no surgían a la vista indicios que condujeran a pensar que el crimen fuera de índole pasional ni que tuviera raíz en alguna deuda económica”. También descartó una posible venganza extorsiva ligada con una mujer en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. El ex comisario creía que el asesino estaba más cerca de lo que había indicado la primera hipótesis.

Juan Carlos Debió advirtió que su mujer estaba “muy nerviosa y pendiente del teléfono” mientras almorzaban. Ante el fiscal, una amiga de la víctima comentó que la víctima había estado “rara todo ese día”. Incluso “había salido apurada del gimnasio, no se bañó y estaba apresurada en llegar al negocio”.
Oyarzábal propuso la intervención de los teléfonos utilizados por Claudia y por Sergio Medina, para determinar si hubo llamadas ó mensajes cruzados el día del asesinato. Nada en el análisis llamó finalmente la atención. También solicitó observar los registros de todas las cámaras de seguridad en la zona. Solo el sistema de la concesionaria de automotores “Darío Gordo”, ubicado a unos 300 metros, permitió advertir el paso de un hombre “algo calvo”, con características fisonómicas que podían corresponderse con el principal sospechoso. La figura en el video caminaba con pasos urgentes, a pesar del transitar “pachorriento” que caracterizaba al albañil.
Aunque no había arma homicida, ni testigos directos, ni un informe de ADN que vinculara a Medina con el homicidio, Oyarzábal se mostró convencido sobre su responsabilidad en el violento asesinato.

El forense Guillermo Mazzucchelli advirtió que se observaron lesiones de defensa en el cuerpo de Claudia Muñoz. Y aunque “no se puede especificar con exactitud con qué mano fueron practicadas las puñaladas”, el ataque fatal fue efectuado por el asesino con su mano derecha. Curiosamente el agresor no utilizó una fuerza brutal: la herida mortal derivó de una lesión pequeña punzo penetrante. Para el forense, el autor del crimen no tenía una vasta experiencia en el uso homicida de un arma blanca.
Con el expediente sobre su escritorio, el fiscal Moine concluyó en que Oyarzábal puso “todo su ahínco” para desentrañar lo realmente sucedido y permitió con “sobrada convicción” acreditar de que Sergio Aldo Medina fue el autor del crimen.
“Es evidente que el trato que mantenía Medina con la víctima era habitual, enmarcado en un contexto de confianza que le habría permitido al encartado ingresar al negocio sin que la víctima se alertara del peligro”, afirmó Moine en su resolución de elevación a juicio de la causa.
El fiscal manifestó que “si bien las pruebas descriptas revisten el carácter de indiciarias, estimo que por su número, seriedad y concordancia, conforman una congerie de circunstancias convergentes en la formulación de la probabilidad de contenido positivo que permiten atribuir la autoría de Medina en el hecho que se investiga”.

Ante los jurados populares y el tribunal técnico, el acusado enfrentará finalmente el banquillo. Sus familiares aseguran que al concluir el proceso, el albañil estará “comiendo un asado en familia en su casa de Las Albahacas”. Los allegados de Claudia Muñoz confían, en cambio, en alcanzar una condena “severa y justa para el asesino”. Será un tiempo en el que solo habrá lugar para la certeza definitiva ó la duda insuperable.

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