Sábado de 9 a 12

Otro juez Federal ordenó que “se respeten todas las medidas adoptadas por el Gobierno de San Luis para el ingreso y egreso a la provincia”

El Juez Federal, Juan Esteban Maqueda, resolvió hacer lugar a la acción declarativa de certeza que interpuso el Gobierno de San Luis para que se respeten todas las medidas sanitarias y protocolos de ingreso, egreso y circulación en la provincia La Justicia Federal de San Luis afirma “que las medidas implementadas en la provincia de San Luis de manera temprana han sido fundamentales para contener los brotes, logrando un estatus epidemiológico sin transmisión comunitaria, y que teniendo en cuenta la dinámica de la transmisión del virus, las mismas resultan temporarias, en cuanto son contestes y proporcionadas con relación a la amenaza y al riesgo sanitario que enfrenta cada jurisdicción, pudiendo ser dejadas sin efecto, si se detectare una situación de riesgo epidemiológico o sanitario”. En otra parte del dictamen destaca que “el Estado provincial tiene el deber de establecer su accionar frente a la pandemia de COVID-19 teniendo en cuenta dos conceptos fundamentales: por un lado, que el derecho a la vida constituye un primer derecho natural de la persona, preexistente a toda legislación positiva; a lo que deben sumarse los deberes del Estado provincial: combatir las pandemias y garantizar el derecho a la salud en los términos del art. 57 de la Constitución Provincial que transcribe”.

El juez Ochoa dio lugar al pedido de productores y ordenó la apertura de los ingresos a San Luis

El juez Federal Carlos Ochoa dio lugar al pedido de productores cordobeses y ordenó la apertura de los ingresos a San Luis. Ochoa resalto que se debe permitir el ingreso “siempre y cuando las personas que pretendan transponer dicho límite provincial, posean el certificado único habilitante” La resolución HAGASE LUGAR A LA MEDIDA CAUTELAR INNOVATIVA peticionada ordenando al señor Gobernador de la Provincia de San Luis, que arbitre los medios pertinentes para proceder a la apertura y circulación de la Ruta Nacional Nro. 8, Ruta Provincial Nro. 30 y los respectivos caminos vecinales, que se dan en el límite entre la Córdoba y San Luis, siempre y cuando las personas que pretendan transponer dicho límite provincial, posean el CERTIFICADO UNICO HABILITANTE para circulación-COVID 19 de conformidad a lo dispuesto en el art. 5 y 25 del Decreto Nº 576/20 (sic). Ante la ausencia de caso sospechoso o confirmado, deberá abstenerse la autoridad local de restringir el ingreso, permanencia y egreso de los ciudadanos –de los departamentos en los que el suscripto posee jurisdicción y que provengan de las denominadas zonas “blancas”- que acrediten condición para circular en el marco de la norma nacional vigente y en tanto demuestren puntos de conexión con la vecina localidad referidos a propiedades, razones laborales, relaciones familiares, y/o actividades exceptuadas que requieran de su circulación hacia la vecina Provincia de San Luis”

Anticipo Póster Central: Elevan a juicio la causa contra Pandolfi, el ciclista que se grabó tras “violar la cuarentena”

El fiscal de Instrucción Fernando Moine elevó a juicio la causa en la que está imputado Cristian Pandolfi, el ciclista acusado de violar la cuarentena en un viaje a la localidad de Chucul. El hecho alcanzó repercusión nacional debido a que Pandolfi se filmó y el video se viralizó en las redes. Pandolfi está acusado por el artículo 205 del Código Penal: infracción a las medidas adoptadas por autoridad competente (dec. Presidencial 297/20 y ss.) para impedir la introducción de una epidemia. Cuando declaró ante el fiscal, el acusado modificó el relato que aparece en el video. El ciclista riocuartense dijo que no viajó a Chucul y buscó cambiar la versión que obligó a su detención. El hecho Un ciclista riocuartense de 49 años decidió grabar un video en el que aseguró haber viajado a Chucul en bicicleta y regresar, sin ser advertido por los controles policiales que buscan evitar la circulación en cuarentena. El registro se hizo público y generó la brinca de miles de riocuartenses que hace un mes están recluidos en sus hogares para cuidarse y cuidarnos de la pandemia.Cristian Pandolfi fue detenido por orden de la fiscalía de turno tras un operativo en calle Misiones al 400. La Policía le secuestró la bicicleta y lo trasladó a la alcaldía de la Unidad Departamental en calle Belgrano.Del procedimiento también participó el municipio a través de la secretaría de Control y Prevención Ciudanana.

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LOS AUDIOS DE POSTER CENTRAL

   Opinión

100 días después

Por Pablo Callejón Aquel 19 de marzo teníamos calambres en el alma. Horas antes, los supermercados estaban abarrotados de personas que llenaban los changuitos de papel higiénico y arroz. Nadie podía intuir lo que iba a pasar. Algunos prefirieron el atajo y escapar por la vía de la mezquindad. El presidente habló en conferencia de prensa y desde la medianoche debíamos quedarnos encerrados, aislados de nuestros viejos, de los amigos, incluso de nuestros hijos. “Hemos calculado todo, necesitamos que cada uno haga su parte”, afirmó Alberto Fernández acompañado por sus ministros. Aquella era una jornada cálida de otoño pero las calles ya estaban vacías, los comercios cerrados y la tensión del aíre se cortaba con una navaja. Tenías miedo, ¿te acordás? Yo tenía miedo. Los medios nos habían advertido sobre los camiones que cargaban ataúdes con muertos y los trasladaban por las distintas regiones de Italia. Había hedor a muerte en la Europa que había resuelto abandonar el estado de bienestar por la privatización de las camas de terapia. Muerte en los geriátricos, en las plazas, en las industrias y en los hogares. Pasillos abarrotados de pacientes agonizando y médicos que le lloraban al piso, con las manos demacradas por las horas sin sueño. Había muerte en la televisión y en los diarios. Sabíamos que el virus se propagaba como reguero de pólvora y no había cura. Solo eso sabíamos. Hace 100 días, nos obligamos al encierro. Ocultos en la trinchera que nos protegía de las balas enemigas sin saber exactamente, desde qué lugar llegaban. Cuatro días antes del anuncio del inicio del aislamiento social obligatorio, Llamosas anunció la suspensión de las elecciones. En Río Cuarto aún no había casos, pero finalmente llegarían. La disputa política enfrentaba intereses contradictorios. El peronismo quería votar, apurado por las encuestas que lo favorecían y la incertidumbre que generaba la maldita pandemia. El radicalismo, en cambio, quería salir del atolladero de la derrota. La última elección los había derrumbado electoralmente y los números lo mostraban demasiado lejos del oficialismo. La pulseada la ganó la realidad. Vos no querías saber nada de ir a votar. La economía te saqueaba los bolsillos y te hablaban de un virus que iba a tirar por la borda cualquier indicio de recuperación. El naufragio económico fnalmente llegó. En la borda del Titanic, sin orquestas ni lujos por guardar, el único salvavidas que tenías fue la mano solidaria del Estado. Aprendimos a no vernos, a extrañarnos demasiado. Los primeros días decidí salir a la calle para contar las historias que se ocultaban detrás del encierro. Realicé entrevistas en el hospital y me acerqué demasiado a las terapias. Disimulé las consecuencias que podría generar un contagio en un asmático crónico y no tuve más remedio que pensar en mis hijas. Ellas también heredaron el silbido que agita la inflamación de los bronquios. Y decidí quedarme en casa.  El 20 de marzo confirmaron el primer contagio de Coronavirus en Río Cuarto. ¿Te acordas? Quizás los mismos que llenaron los changuitos con servilletas de papel salieron a escrachar en las redes sociales al paciente y su familia. En otros mensajes de Whatsapp se viralizaban audios que estigmatizaban a comerciantes chinos y la mentira generaba una cadena de ataques de pánico. Las calles estaban vacías, o casi. Solo podías ir al supermercado y la farmacia. Los mercaditos de barrio te llevaban la mercadería en delivery y aprendiste a respetar las distancias. Nos ganó la desconfianza por todo y por todos. La bolsa de alimentos, nuestros zapatos, el picaporte de la puerta y hasta del mismísimo aire nos provocaba temor.  El alcohol en gel cotizaba más que el dólar blue y empezamos a fabricar barbijos que al final llamamos tapabocas. Los mercaderes del miedo sabían cómo ganar aún en la derrota colectiva. El virus nos empezaba a enseñar que también en las pandemias, sobrevive la mano del capital.  El 5 de abril la ciudad sumó la primera muerte por Coronavirus. La víctima fue un ingeniero que habían trasladado desde Huinca Renancó y falleció en la terapia del Hospital. En el pueblo habían estigmatizado a su familia por una supuesta violación de la cuarentena. El miedo se había ensañado con la piedad y los buenos modales. Un mes después no quedaban pacientes contagiados en Río Cuarto. En total, fueron 11 desde el inicio de la cuarentena. Habían abandonado las clínicas entre aplausos y guantes inflados con forma de globos. ¿Te acordás? Esta vez, los videos se viralizaban como un el gol de Maradona a los ingleses. Te sentías parte de esa victoria. Habías aprendido a lavarnos las manos, hacer fila frente al super y sobre todo, a quedarte en casa. Vos estabas peleando por garantizar una comida caliente para tus hijos, mientras gozabas de la certeza de estar vivo. La economía era un ovillo imposible de desenredar. Comenzamos a hablar del síndrome de la caja cero. ¿Te acordás de eso? Los comercios estaban cerrados y hasta los bancos permanecían vacíos. Aunque un día volvieron a abrir sus puertas. Y hubo una cola interminable de ancianos y mamás con niños en la falda apoyados sobre las paredes de las vidrieras sin encanto. Los que nunca pierden, no te perdonan una. Gerenciados por la banca que conserva la única baraja, mostraron la avaricia de los que aguardan detrás del mostrador. La crisis se llevó puesto tu dinero, tu trabajo, tus ahorros y tus penas. Los bancos ganaron sobre las pérdidas de todos. Te obligaron a pagar con intereses la tarjeta y aceptar el descuento compulsivo del crédito. El virus podría contagiar a todos por igual, pero el dinero nunca pierde su status de clase. Al principio hubo aplausos para los médicos, sonatas en los balcones y bailes sin orquestas. Fue la antesala al regreso de las cacerolas. El repiquetear sobre el acero convocó a los que dejaron de creer en el encierro, lanzaron el augurio de una salida masiva de presos y pidieron defender la República de la avanzada de los pobres. Los devotos mesiánicos de la gripecita levantaron las banderas de una empresa estresada por estafar a diestra y siniestra, danzaron sobre las veredas adoquinadas de Recoleta y añoraron no tener un presidente con el flequillo hitleriano  de Bolsonaro. Volvieron a las calles sin haber cruzado el mar y la muerte volvió a rondarlos como un buitre que aguarda detrás de la puerta. Y fuimos saltando de fase en fase, como en una partida de tejo. Alcanzamos finalmente el lugar de la distancia que supera al encierro. Y regresamos a la calle sin respetar demasiado la terminación del documento y los días con permiso para caminar. Vos también estabas allí. El mundo comenzó a rodearnos de viejos conocidos que nos parecen curiosamente extraños. Regresamos al café del bar, a la casa de la vieja y al abrazo de los amigos. Volvimos vivos, más temerosos, menos crédulos. La nueva normalidad se presentó como una advertencia inconclusa del drama que creíamos superado. Ya no se trataba de evitar el virus, sino de convivir con él. Y te preguntabas si esto que llaman normalidad es apenas un nuevo ensayo con la muerte. Sobre el taburete de la soledad, la realidad parece ir a contramano de las señales que conocías. Y el mundo se desmorona como en tiempos de guerra. Las camas aún permanecen tibias y la demanda urgente. Los unitarios que posaban su poder sobre el puerto, se apropiaron también del virus. La pandemia se concentró en lo que describen como el área metropolitana y esta vez, resultaría oportuno que no todos los caminos conduzcan a Roma. Los alquimistas de la moral ajena, aún apuestan sus credenciales del lobby sobre un estudio de televisión. En los comedores barriales, en cambio, todas las calles son melancolía. La reconstrucción será sobre cenizas de una economía que ya estaba devastada cuando se infectó del virus.  La ventaja es haber sobrevivido. 100 días después aún podemos contarla.  

“Papá, vos que sos periodista”

Por Pablo Callejón Periodista “Papá, vos que sos periodista, ¿sabes si se puede tocar el arco iris?” Podría haber elegido el camino más aburrido del sabelotodo, presumir un relato sobre la ilusión óptica que se produce por refracción, tras la descomposición de la luz solar en el espectro visible, en el momento justo en el que los rayos del sol son atravesados por la lluvia. Pero la explicación fue menos real. Con gestos adustos de convencimiento, le dije a Sabi que solo se podrían alcanzar los siete colores si se apoyaba firme sobre mis hombros. A los 4 años, escalar por la espalda y abrazarse a la cabeza de papá te puede acercar al cielo. Con el tiempo, las narraciones de cuentos me jugaron una mala pasada. Antes de dormir, simulaba leer historias que inventaba espiando sus reacciones. Las dos rápidamente advertían que las vivencias descriptas en forzadas y delirantes voces de los protagonistas en nada se parecían a lo que habían conocido del cuento. Pero no me interrumpían. Al otro día, me hacían preguntas sobre el relato de la noche anterior y se mataban de la risa al comprobar que no podía recordar los detalles. La caperucita roja se había enamorado de un tal Príncipe Enzo y el Gato con Botas era un jugador de fútbol al que no le entraban los botines. Los finales eran aún más absurdos. Imposible olvidar la partida de payanas que Barney le ganó al Sapo Pepe ante un Monumental repleto. El papá periodista no lo sabía todo y siempre llegaba tarde. Por muchos años, el turno noche del noticiero me devolvía a casa después de las 10. Las dos se escondían en su pieza, convencidas de que me entregaría a la angustia de no poder abrazarlas antes de dormir y aparecían de golpe mientras recalentaba la cena. Jaz se quedaba colgada de una pierna, mientras Sabi relataba una y otra vez con la garganta sin aire, la gesta de esperarme detrás de la cama sin que pudiera advertirlo. Un día las escuché hablar de un compañero que les gustaba en la escuela y me dejaron de abrazar antes de entrar a clases. Mis estrategias eran cada vez menos efectivas para asegurarme un beso afectuoso cuando bajaban del auto. Ellas miraban para todos lados, tratando de evitar que el chico en cuestión, sus padres y el resto de la comunidad educativa estuvieran pendientes de mis debilidades de padre abrazador. Rápidamente tuve que ceder. El protocolo de la pre adolescencia advierte en su artículos uno y dos que los abrazos y te quiero se reservan para casa. Cuando les recuerdo sobre la rigurosidad de las normas, Sabi me responde en un tono parricida: “sos muy sentimental”. “Papá vos que sos periodista, ¿dijo algo Alberto Fernández sobre los deberes?” Jaz rara vez pregunta sin intuir primero. Sabi, en cambio, conserva una repregunta debajo la manga convencida de obtener el título de tapa. Una aquieta los mares y la otra, patea las caracolas que recubren la marea. Pecando por disimulo, intenté influenciarlas con mis dioses sin advertir que ya rezaban por mejores partidas. En la tribuna de tablones celestes, Sabi me advirtió que un gol de mujer nunca espera algún permiso. No logré aprender a cargar con los males de una paternidad fuera de horario y la cabeza siempre activa en otro lado. Maldita profesión que nos pone cada día a prueba en nuestras faltas. Alejandro Dolina advirtió que el universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia, en el que uno no está en casi ninguna parte. La obsesión por estar me convirtió en un optimista del tiempo que nunca alcanza. Pero están ellas y ese afán por resucitarme de las malas decisiones, las torpes caídas, las preguntas sin respuestas y el mal sueño por las noches al alba. “¿Papá vos que sos periodista, ¿sabías que en Roblox podés cambiar un unicornio por robux?” Y no lo sabía. Ahora que ya no juegan con mis gestos y deciden inventar los propios. Ahora que la vocación de padre no alcanza para evitar los errores, ni el columpio necesita de empujones para levantar vuelo. Ahora que no es preciso llorar cuando nadie nos ve. Ahora que el milín es una almohadita deshilachada sobre la mesa de luz y el pijama resiste al disfraz de la tela de oso. Ahora que el sueño no es un trotamundos de historias sin narrar. Ahora que las noches no duran tanto, ni son tan oscuras. Los tiempos son mejores tiempos ahora. Este domingo volveré a sorprenderme de la previsible intriga. La falsa sabiduría del impostor de historias podría servir una vez más para suponer un mejor final. Sentado sobre el cordón de la vereda, sin poder tomarlas de la mano, pero sin dejarlas soltar. Como en los días en que mi viejo me buscaba a la salida de la escuela con una pila de Gráficos y dos bolsitas de Mogul. Subido a ese terraplén de tierras movedizas, donde los cuentos hablan de hadas sin madrina y las hijas suben a los hombros de papá convencidas de poder tocar alguna vez el arco iris.

Medios de comunicación e información sanitaria

Por Ricardo A.  MUÑOZ (h) Abogado y Doctorando (Univ. Nac. de Córdoba), y Magíster en Derecho Administrativo (Univ. Austral). Docente e investigador (Univ. Nac. de Río Cuarto). La publicación de información relativa a datos vinculados con el coronavirus por parte de los medios de comunicación, de mayor justificación en estos tiempos donde la necesidad de difusión se torna acuciante incluso como herramienta para prevenir y mitigar los contagios, no puede significar en modo alguno una “dispensa” ni legal ni de hecho para desconocer el régimen constitucional, legal y reglamentario vigente para la protección de datos personales, o lo que es lo mismo, no existe necesidad de informar que pueda avalar la violación a los derechos fundamentales. En términos generales, los datos referidos a la salud son considerados en nuestra legislación datos “sensibles”, y por tal, gozan de la más alta protección jurídica debido al riesgo potencial para su titular de sufrir discriminación por la divulgación de información personal (al igual que datos religiosos, orientación sexual, preferencias políticas, etc.). En este sentido, el art. 7ºde la ley 25.326 de “Protección de Datos Personales” dispone que “ninguna persona puede ser obligada a entregar datos sensibles” y reserva de forma exclusiva la recolección de este tipo de información a aquellos supuestos en los cuales priman razones de interés general autorizadas por ley, cuando se los trata con finalidades estadísticas o científicas, o cuando no es posible la identificación del titular del dato. Particularmente, en el caso de los profesionales de la salud y las instituciones sanitarias, se admite su operación, recolección, clasificación y excepcionalmente cesión (ante casos de emergencia en la salud pública), siempre que se respete adecuadamente el secreto profesional, la privacidad y confidencialidad de su titular. Y, de una forma u otra, y aun cuando sea el Estado el que opere este tipo de datos, se exige jurídicamente la preservación de la identidad de los titulares de los datos mediante mecanismos de disociación y/o anonimización adecuados. Esto es así ya que, si bien se pueden enmarcar tratamientos de datos en situaciones de extrema excepcionalidad en los que se prescinda del consentimiento y exista un interés superior al individual del titular, entre los que encontramos la preservación de la salud pública, no necesariamente para cumplir ese objetivo, se deba violar indefectiblemente la privacidad del individuo, lo que redundaría en una extralimitación de las facultades, la irrazonabilidad y desproporcionalidad de la medida. Nada aporta en esta lucha entablada en contra del Covid 19, la sobreexposición injustificada del titular del dato, sino todo lo contrario: la exagerada individualización pública de la persona impide justamente que el eventual contagiado brinde información (respecto síntomas, contactos, movimientos, etc.) lo que transita a contramano del objetivo buscado. La libertad de expresión y el derecho a la información y comunicación es perfectamente compatible con la confiabilidad y privacidad de los titulares de datos, aun así, si están vinculados a contagios. Por ello, puede difundirse datos estadísticos, ubicaciones generales, lugares de internación, franja etaria, momento y lugar de infección, etc., pero no así la identidad concreta respecto la persona contagiada, dando que –por su sensibilidad- logra la más alta garantía de preservación. Insistimos que, también en tiempos de emergencia sanitaria, el deber de información podrá ser llevado adelante sin la necesidad de identificar y revelar la identidad de las personas afectadas por el coronavirus. La información deberá centrarse en los datos y estadísticas emitidos por las autoridades correspondientes, tales como cantidad de infectados, cantidad de casos sospechosos, zonas de riesgo, cantidad de fallecimientos, etc.; y no así en datos de personas determinadas. Solo lo medios de comunicación cuentan en principio con un interés legítimo especial correspondiente a la situación de emergencia y deberán llevar a cabo sus tareas de información, más no respecto  una situación específica de una persona concreta, salvo en el caso de existir un consentimiento válido, expreso, manifiesto, particular e indubitable del titular del dato, el que –por lo demás- no puede presumirse conforme el principio de irrenunciabilidad de los derechos fundamentales en un Estado Constitucional y Convencional de Derecho.  Las excepciones están dadas en los casos en que, por acción u omisión de los mismos titulares, la situación tome notoriedad pública y se transforman en noticia, a través de la violación a la normativa administrativa, legal y penal respecto las prohibiciones dispuestas por el gobierno en el marco de la emergencia (violación de la “cuarentena”, desconocimiento del “asilamiento”, etc). Allí el infractor es el que hace público una situación mediante el desprecio a la norma, máxime cuando en este supuesto el dato no es el contagio en sí mismo, sino su actividad irresponsable ante la prohibición.

   Jericles

Calendario de las protestas opositoras para Julio – Por Jericles

Porque sólo la organización lleva al éxito, los más furiosos opositores al Gobierno y a armaron el Calendario de julio con las marchas, banderazos y cacerolazos para el mes de julio. Todo bien organizadito para que nadie se quede con la bronca adentro. Así que a agendar las fechas, con este…. Día 1: Cacerolazo con la consigna “Todos somos Vicentin”, pero no a todos el Banco Nación nos presta 100 mil millones para que la fuguemos” 2 de julio: Banderazo para que nos dejen salir a correr, a  bailar en la vereda con DJ, que nos dejen abrir los hoteles alojamientos y de yapa festejar el cumpleaños de los nietos de los dueños de Vicentin. 3 de julio. Marcha porque no queremos ser Venezuela. Y para que renuncie Chávez. Y que también renuncien Catherine Fulop, Ricardo Montaner y el Puma Rodríguez. 4 de Julio: Aprovechando que muchos salen a celebrar el Día de la Independencia de Estados Unidos, se protestará porque se combate el Coronavirus con la plata de mis impuestos. El día 5, saldrán a la calle para pedir para que vuelvan los lentos, por ejemplo De la Rúa. 6 de julio: Habrá corte de ruta para exigir que Liberen a Willy. 7 de julio Banderazo de protesta, porque empiezan con Vicentin, pero terminarán expropiando mi Fiat Duna modelo 96.- 8 de julio Cacerolazo para exigir que renuncie Guillermo Moreno. Y si Moreno no es funcionario, no importa: ¡que primero asuma y después renuncie!  9 al 24 de julio: En esta quincena no habrá ninguna marcha. ¡Todos se tomarán las merecidas vacaciones, que si la Infectadura lo permite serán en Las Leñas, como corresponde! 25 de julio: Ya con las energías repuestas, se retorna a la actividad con un banderazo para festejar el cumpleaños de Patricia Bullrich. 26: Cacerolazo porque el país se saca adelantetra-ba-jan-do, y no rascándose el ombligo en cuarentena.-  ¡Y también para que vayan a la cárcel todos los infectólogos y epidemiólogos! Día 27: Marcha para que los caramelos Media Hora vuelvan a tener su sabor original.- 28 de julio: Protesta callejera para que vuelvan a imprimir billetes con imagen de animales, especialmente la hormiga colorada en los billetes de mil pesos. Día 29: Banderazo para defender a Julio Roca. Y ya que estamos a Paolo Rocca. Y si no es mucho pedir, a Susana Roca-salvo.- 30 de julio: Marcha empresarial para que el Estado parasitario les saque el pie de encima, y ya que está, de paso, le condone los impuestos y le pague el salarios a sus empleados. Y finalmente, el último día del mes habrá un Banderazo de los terraplanistas, para denunciar que al igual que el planeta…¡el Coronavirustambién es chato!

El dictador Jorge Rafael Videla tuvo trillizos en Río Cuarto – por Jericles

¡Sorprendente hallazgo de nuestro equipo de investigación! Después de meses de investigación, donde incluso se trabajó en equipo con algunos espías del gobierno anterior, nuestros perros de presa de la noticia consiguieron armar un rompecabezas increíble, con una historia que calará muy hondo en el corazón de los riocuartenses. En 1980 el dictador Jorge Rafael Videla visita Rio Cuarto como presidente (lo recuerdo perfectamente porque fue el mismo día que apareció el diario Puntal por primera vez, con una caricatura de Videla en tapa, realizada por Ángel Vieyra) A la noche, para relajarse del trajinar y el protocolo de aquella jornada, la comitiva presidencial decidió tirarse una canita al aire y enfilaron para el cabaret El Molino Fucsia que estaba en la ruta 8. Ahí Videla, entre copa y copa y lejos de ladictatorial vigilancia de su mujer, trabó relación con una alternadora, tuvieron relaciones sin protección (Videla no se cuidaba por una cuestión religiosa, recordemos que con su esposa tuvo siete hijos) y de ese encuentro secreto, en mayo de 1981 nacieron trillizos, dos varones y una mujer. Durante años Videla se negó a reconocerlos, a pesar que  uno de ellos ya en la primaria era el fiel reflejo de su padre: nariz larga y puntiaguda, mirada de águila, y hasta le asomaba un incipiente bigote negro recortado. Pero finalmente, presionado, decidiópasarle una pensión alimentaria a los tres hijos por el resto de sus vidas. En el año 1999 Videla (que había sido indultado por Menem) vino a conocerlos: se dejó crecer la barba, se puso anteojos negros (esto último no le costó mucho trabajo), se alojó en el Batallón de Arsenales, y simulando ser un tío lejano estuvo de visita en la casa donde vivían la madre con los trillizos. ¡El disgusto que pasó ese día fue terrible! Allí se enteró que uno de los pibes había entrado al seminario para ser cura villero y abrazar la opción de los pobres, la piba era feminista atea y feroz militante pro aborto y el tercero estudiaba en la Universidad y militaba en la Juventud Revolucionaria Guevarista! El golpe fue tan duro que Videla tuvo que ser internado en la Clínica del Sur por un pre infarto. Por supuesto, nunca más volvió a verlos… Los trillizos jamás supieron que su padre era Videla, y es por eso que acá no damos sus nombres y apellido para no deschavarlos. Y por ironías del destino, por esas vueltas que tiene la vida, uno de sus hijos entró a trabajar en Valsecchi, en la sección “Sanitarios”, ¡y él fue quien le vendió a la penitenciaria donde Videla cumplía su condena, el inodoro donde el dictador murió sentado! ** Hay mil historias como estas en la ciudad de SobreMonte… ¡Historias que te harán repensar el mismísimo sentido de la vida, mirá lo que te digo!

“Frases que tenés que evitar en tu primera cita” – Por Jericles

Hoy nos visita la sexóloga y consejera sentimental Catalina Blanco Villegas, trayéndonos su invalorable ayuda para que no fracasemos en el amor, con estas “Frases que tenés que evitar en tu primera cita”. Estas frases fueron extraídas de su libro de autoayuda “Cachucha y Tararira, dos amigues inseparables”, que en su capítulo 175 nos aconseja sobre cómo comportarnos cuando tenemos frente a nosotros la gran oportunidad de cambiar nuestra miserable existencia sentimental. Para no echarlo todo a perder, entonces, sigamos estos sabios consejos de Catalina: Frase desubicada número uno: “No importa que usted sea secretaria de la Comisión Parroquial, Etelvina… ¡Va a ver cómo la pasará bomba con estos juguetitos sexuales que traje para nuestra primera noche juntos!”     Otra frase a evitar es esta: “Así que ustedOsvaldo es militante de los derechos humanos… ¡Vamos a tener una lindas charlas, porque yo soy el fan número uno de Videla, y deseo fervientemente que vuelvan los milicos!” Y si querés que la nueva relación progrese, jamás digas algo así:“Estoy reclutando gente para unirnos a una organización terrorista árabe… ¿te prendés?” Tu nueva cita está esperanzada en una relación seria y formal. ¡Si querés causarle una buena impresión, evitádecirle algo infantil como esto: “¡Te juego una carrerita hasta el resto bar de la esquina! ¡El que llega último paga la cena!” Frase desubicada número Cinco: Tu cita a ciegas ama el regatón y la cumbia, y vos te desubicásdiciéndole: “Estoy reclutando gente para formar la filial riocuartense del Club de Fans de Música Celta!” Seis: La chica que tenés enfrente concurrió a la cita esperanzada en conseguir una pareja formal, estable, duradera, y vos le salís con algo así: “Aprovechemos esta noche, Elsita, porque mañana viajo al norte de África…¡Acabo de enrolarme en la Legión Extranjera por cinco años!” Frase a evitar número siete: “Para mí trágame un refresco de granadina, y para el caballero una caña quemada doble… ¡Quiero ver si es tan machito como parecía cuando chateábamos anoche!” Cuando chateaba, Ermelinda era dulce, recatada, añoñada… Pero se sienta frente a vos en la cita a ciegas, y lo primero que te dice es esto: “Puede creer, Romualdo, que hay gente desubicada  que está en contra de la violencia de género? Frase desafortunada número Nueve: En el chat el tipo te había contado que era un poco jugador, pero no le diste importancia, hasta que te dijo: “No, al casino, no… ¡Yo te estoy invitando a jugar a la ruleta rusa!” Y para finalizar, nunca seas absolutamente sincero en tu primera salida: Jamás le digas algo así, porque tu cita va a huir despavorida: “¡Llevamos diez minutos charlando y sos lo mejor que me pasó en la vida! ¡Imaginate cómo fue el resto!”

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